Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos


HONRAR HONRA No. 13/10
Órgano de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado de la República de Cuba.
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“!que enojo, el de la naturaleza perseguida¡. Se vuelve hacia el hombre, y como el tigre al cazador, de un golpe de grifo lo desfibra y aplasta. Gruñe y tiende… T 10, P.24

INVITACIÓN A LA II CONFERENCIA INTERNACIONAL BOLÍVAR, LINCOLN Y MARTÍ EN EL ALMA DE NUESTRA AMÉRICA, CARACAS, VENEZUELA (NOVIEMBRE 17 AL 20) EN EL MARCO DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE IBEROAMÉRICA.
VER DETALLES http://martianos.ning.com/ http://www.cubaminrex.cu/index.htm y http://www.josemarti.cu/
Disponible toda la 1ra. Conferencia Martí, Juárez y Lincoln, en INTERNET http://www.conferenciamartijuarezlincoln.com/


DOCUMENTOS INCLUIDOS EN ESTE NÚMERO.


1.- NOTICIAS DEL ACONTECER MARTIANO
2.- DECLARACIÓN EN DEFENSA DE CUBA Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Ana Esther Ceceña. EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD (Pag. 3)
3.-LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA EN LA ACTUALIDAD: UNA PROPUESTA PARA EL DEBATE Por Dra. Hilda Puerta Rodríguez (Pong.4)

1.- NOTICIAS DEL ACONTECER MARTIANO

Conmemorará la Asociación "Montpellier Cuba Solidarité" aniversario de la inauguración del busto de José Martí Por Virgilio Ponce

Conmemorará la Asociación "Montpellier Cuba Solidarité" aniversario de la inauguración del busto de José Martí. El viernes 26 de marzo, la Asociación "Montpellier Cuba Solidarité", conmemorará el 1er. aniversario de la inauguración del busto de José Martí a las 17:00 en el BOULEVARD LOUIS BLANC (delante del convento de las Ursulinas), donde se depositarán una ofrenda floral.

Se contará con la presencia de la Cónsul General de Cuba, Ana Maria Chongo, del catedrático y escritor Jean Lamore, así como destacadas personalidades de la ciudad de Montpellier, miembros de la Asociación "Montpellier Cuba Solidarité", una representación de la comunidad cubana en la región y otros amigos de Cuba.

A las 17:30, en la Casa de Relaciones Internacionales (Explanada Charles de Gaulle), se dará lectura a poemas de José Martí por la agrupación l?Outil-Théâtre y a continuación el profesor Jean Lamore (de la Universidad de Burdeos) dará la conferencia "José Martí y Nuestra América". Un brindis se efectuará a la clausura de la conferencia en el vestíbulo de la Casa de Relaciones Internacionales para inaugurar la exposición de los pintores cubanos residentes en la región Gabriel Romero Pérez y Elizardo Plumer Morales, exhibiéndose también fotos de Cuba realizadas por la Asociación.

Nicolás Guillén evocado en la Universidad de Guadalajara Por Fernando Acosta Riveros

La Doctora Carmen Suárez León, del Centro de Estudios Martianos (CEM), imparte seminarios en Guadalajara, la capital del estado mexicano de Jalisco. Los promotores del encuentro pertenecen a la Cátedra José Martí de la Casa de Estudios Superiores de la ciudad tapatía.
La obra literaria del poeta cubano Nicolás Guillén será evocada durante la presente semana con motivo de la presencia de tan renombrada profesora y filóloga, investigadora del CEM. Nicolás Guillén (1902-1989): obra y circunstancia se tituló el primer evento, inaugurado el martes 16 de marzo de 2010 por el doctor Mario Alberto Nájera en las instalaciones del Departamento de Estudios Sobre Movimientos Sociales de la Universidad de Guadalajara.

Mario A. Nájera, ilustre académico e integrante del Instituto José Martí de la capital jalisciense, dio la bienvenida a la doctora Suárez León en presencia de profesores, alumnos, trabajadores de la universidad pública de Guadalajara y amigos del instituto que promueve la amistad y las relaciones culturales entre las patrias de José Martí y Benito Juárez.

El final del siglo XIX estuvo cargado de poesía y luchas independentistas en Cuba. Nicolás Guillén nació en Camaguey cuando empezaba el siglo XX y la presencia de José Martí invitaba a estudiantes y trabajadores a continuar la tarea por construir una Cuba independiente y soberana, recordó Carmen Suárez.

Durante la primera sesión del seminario, la investigadora leyó fragmentos de poemas escritos por Nicolás Guillén mientras ofrecía un esbozo acerca del momento histórico que atravesaba Cuba, en los inicios de Guillén como poeta, periodista y luchador social.

Mario Alberto Nájera recordó la histórica visita que realizó Nicolás Guillén a Guadalajara en los años setenta del pasado siglo XX gracias a la gestión del también escritor Fayad Jamís, cuando este se desempeñaba como agregado cultural en la Embajada de Cuba en la Ciudad de México.

El seminario impartido por la intelectual cubana durante su estancia en Jalisco, occidente de México, continuará hasta el viernes próximo. El miércoles 17 se realizará un análisis de las siguientes obras de Nicolás Guillén: Cantos para soldados y sones para turistas (1937); El son entero (1945) y Sátira política (1949-1953).

Durante la jornada del jueves 18 en la Universidad de Guadalajara serán analizados por Carmen Suárez León y los asistentes, los escritos de Guillén, titulados: La paloma de vuelo popular (1958); El Gran Zoo (con ilustraciones de Fayad Jamís, 1967); El diario que a diario (1972) y La rueda dentada (1972).

En horas de la mañana del próximo viernes 19 de marzo está programada la conferencia de la investigadora: Nicolás Guillén, poeta latinoamericano, caribeño y universal, a las 11, en el Centro Universitario del Sur, campus estudiantil ubicado en el municipio Ciudad Guzmán ó Zapotlán, tierra de Juan José Arreola, narrador mex

Instituyen Premio para periodistas promotores de la obra de José Martí

La Sociedad Cultural José Martí anunció el establecimiento del premio Patria, para distinguir a los periodistas que promuevan la vida y obra del más universal de los cubanos.Adelaida de Ramos, secretaria ejecutiva nacional de esa Sociedad, en un acto de homenaje por el Día de la Prensa Cubana, informó que el lauro se entregará cada año y los candidatos pueden nominados por los órganos periodísticos del país, reporta la AIN.

Durante el acto, el historiador Ibrahim Hidalgo disertó acerca de la fundación del periódico Patria, el 14 de marzo de 1892, momentos en los cuales se organizaba el Partido Revolucionario Cubano (PRC) y se aprestaban los independentistas a liberar nuestra isla y la de Puerto Rico.

Aclaró que el periódico no surgió como órgano oficial del PRC porque Martí no quiso darle preponderancia por encima de los que ya existían, como el Yara, y para tener libertad en expresar los matices políticos de las diversas comunidades de inmigrantes cubanos.
Ramón Medina Lladó, Consejero Cultural de la embajada de España, convocó a estudiar a José Martí desde su patria, lo que aporta mucha diversidad y profundidad a su personalidad y mencionó además la responsabilidad social de los trabajadores de la prensa.
Pablo Mora, pianista ecuatoriano y estudiante de dirección orquestal, ofreció piezas antológicas del repertorio latinoamericano de la autoría de Agustín Lara y Ernesto Lecuona, que deleitó a los presentes por la maestría y capacidad de fusión.

Premier mundial de filme sobre Martí

Camaguey— La premier mundial del filme “Martí, en el ojo del canario”, del realizador Fernando Pérez (Clandestinos, Madagascar) marcará el inicio del XVII Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, a transcurrir en esta ciudad del 16 al 21 de marzo.

El reconocido director, que ya antes había estrenado aquí “La vida es silbar” y “Suite Habana”, y decidió regalar al público camagüeyano su más reciente película, dedicada a nuestro Héroe Nacional, la cual podrá ser vista en exhibición única el martes 16 a las 9:00 p.m., en el céntrico cine Guerrero.

2.- EN DEFENSA DE CUBA

A propósito de la resolución del 11 de marzo del Parlamento Europeo sobre Cuba, los intelectuales, académicos, luchadores sociales, pensadores críticos y artistas de la Red En Defensa de la Humanidad manifestamos:

1. Que compartimos la sensibilidad mostrada por los parlamentarios europeos acerca de los prisioneros políticos. Como ellos, nos pronunciamos por la inmediata e incondicional liberación de todos los presos políticos, en todos los países del mundo, incluidos los de la Unión Europea.

2. Que lamentamos profundamente, como ellos, el fallecimiento del preso común Orlando Zapata, pero no admitimos que su muerte, primera en casi cuarenta años según el propio Parlamento, sea tergiversada con fines políticos muy distintos y contrarios a los de la defensa de los derechos humanos.

3. Que instar a las instituciones europeas a que den apoyo incondicional y alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba” no sólo es un acto injerencista, que reprobamos en virtud de nuestro compromiso con los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos -defendidos también por la ONU-, y en contra de la colonialidad, sino que supone un modelo único de democracia que, por cierto, cada vez se muestra más insuficiente y cuestionable. La búsqueda y profundización de la democracia supone, entre otras cosas, trascender sus niveles formales e inventar nuevas formas auténticamente representativas que no necesariamente están ceñidas al pluripartidismo que, como bien se sabe, encubre frecuentemente el hecho de que las decisiones sobre los grandes problemas mundiales son tomadas unilateralmente por pequeños grupos de interés con inmenso poder, por encima del régimen de partidos.

4. Que pretender justificar una intromisión en los asuntos políticos internos del pueblo cubano manipulando mediáticamente el caso de Orlando Zapata -delincuente común y de ninguna manera preso político-, coincide con las políticas contrainsurgentes que han estado aplicándose en América Latina para detener o distorsionar los procesos de transformación emancipadora que están en curso y se suma al criminal bloqueo al que ha sido sometido el pueblo cubano, por el simple hecho de no aceptar imposiciones y defender su derecho a decidir su destino con dignidad e independencia.

5. Que compartimos la preocupación mostrada por los parlamentarios sobre el respeto a los derechos humanos en Cuba pero la extendemos al mundo en su totalidad. Así como les preocupa el caso del delincuente fallecido (que en 40 años no tiene ningún antecedente similar), los invitamos a exigir el fin de la ocupación de Gaza y del hostigamiento al pueblo Palestino, que ha provocado no una sino miles de muertes; de la intervención en Irak y Afganistán sembrando muerte y terror en pueblos y ciudades; de los bombardeos en esos lugares con el argumento de defender la democracia; el fin de la doble ocupación de Haití; el cierre de la prisión de Guantánamo y la entrega de ese territorio a Cuba, a quien le pertenece; la devolución de las islas Malvinas a Argentina; y, por supuesto, el fin de un bloqueo que viola los derechos humanos del pueblo cubano y que puede poner en duda la calidad moral de q uien exige trato humano para un delincuente cuando se lo niega a un pueblo entero.

El acoso económico y mediático al que está siendo sometida Cuba, aun antes del deceso del preso común Orlando Zapata, constituye un atentado contra los derechos humanos y políticos de un pueblo que decidió hacer un camino diferente. Exigimos respeto a los procesos internos del pueblo cubano para definir y ejercer su democracia, y consecuencia con los principios universales de no intervención acordados por las Naciones Unidas.

Red En defensa de la Humanidad: Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Ana Esther Ceceña

3.- LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA EN LA ACTUALIDAD: UNA PROPUESTA PARA EL DEBATE Por Dra. Hilda Puerta Rodríguez: Centro de Investigaciones de Economía Internacional Universidad de la Habana

Introducción

El mundo se encuentra ante un nuevo auge de los procesos de integración, lo que se pone de manifiesto, tanto en su proliferación a nivel mundial, como en la profundización de los esquemas ya existentes. Es así que puede definirse ésta como una nueva fase de la Regionalización o Nuevo Regionalismo, caracterizada por la conformación generalizada de bloques, que a su vez, adoptan nuevas formas y particularidades.
Al mismo tiempo, están presentes diversas tendencias desintegracionistas, que expresan agudos problemas de índole político, económico, étnico y religioso, trascendiendo en muchos casos la conformación de los estados-.nación e indicando la existencia de importantes desavenencias con relación al diseño de la geografía mundial en ciertos puntos del orbe.

No obstante, en sentido general, se manifiesta con claridad la prevalecía de las inclinaciones claramente unionistas, cuyo propósito es en lo esencial insertarse de esta forma en mejores condiciones en las complejas circunstancias de la economía internacional actual.

En el caso de los países subdesarrollados y de América Latina y el Caribe en particular, se han producido avances interesantes, destacándose al respecto el caso de la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA)1, coincidiendo a su vez –por su correlación biunívoca- con los importantes cambios que han estado aconteciendo en el Continente desde el punto de vista político, de acuerdo con el importante avance de las fuerzas progresistas que ha tenido lugar, delineándose así un nuevo e interesante panorama en la Región.

No obstante, hasta el momento, la integración latinoamericana aún no puede calificarse de exitosa, teniendo en cuenta además la extrema juventud de los esquemas con mayores potencialidades, como es el propio caso del ALBA o también en cierta medida de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR)2, que a su vez enfrentan dificultades diversas.

Ello explica, entre otros elementos, las razones del debate que respecto a la viabilidad de la integración entre países subdesarrollados, se desarrolla desde hace años entre muchos especialistas, considerando los escasos resultados obtenidos, así como el carácter deformado de sus estructuras productivas, que se une al hecho de que las naciones más cercanas son básicamente competitivas entre sí, de acuerdo a sus respectivas especializaciones, lo que de hecho se torna -entre otros muchos factores-en un obstáculo bien difícil de eludir.

Sin embargo, al mismo tiempo, la integración, vista en su sentido más amplio, constituye UNA NECESIDAD INSOSLAYABLE para estos países, caracterizados por la marginación, la dependencia, la inequidad y el limitado acceso a los recursos, en un entorno internacional cada vez más complejo, con reglas de inserción y participación especialmente férreas, en estrecha relación con las normas y tendencias de la Globalización Neoliberal imperante.

Cuando se hace un análisis de esta realidad, no cabe dudas de que prácticamente la única opción viable de lograr un mejoramiento de su situación es la UNIFICACIÓN DE ESFUERZOS que partan de Políticas Estructurales y de Desarrollo NACIONALES adecuadas. Se hace más que evidente que NO EXISTE otro camino, por lo que el tema de la integración se hace más necesario y vigente que nunca.

Por otra parte, el momento actual debe ser aprovechado quizás como nunca antes, cuando se conjuga, de una parte, la gran necesidad de lograr avances tangibles y que repercutan favorablemente en los cambios que deben realizarse A FAVOR DE LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES MÁS ATRASADAS, frente a un mundo particularmente hostil, seriamente amenazado además por una crisis de incalculables consecuencias.

A ello se agregan las nuevas particularidades que está mostrando la integración a nivel internacional, que pudieran ser inteligentemente utilizadas en el diseño de un “nuevo modelo” a aplicar con muchas más posibilidades que los anteriores, por lo que resulta de especial interés profundizar en las mismas, de modo de tener en cuenta los beneficios que pueda significar a la realidad de las cada vez más necesitadas economías del “Sur”. Este será uno de los propósitos de la presente ponencia.

Por supuesto, que también deberá incurrirse en costos y los esfuerzos serán considerables, pero no puede olvidarse que de no se trata de un simple ejercicio intelectual o académico, sino de una cuestión de primer orden, donde los costos de NO INTEGRARSE son muy superiores a los de incorporarse a un esquema que vaya encaminado a dar respuesta VERDADERAMENTE a las necesidades y características de estas naciones, tal como se pretende demostrar a través de estas consideraciones.

No se propone tampoco participar a “ultranza” en cualquier mecanismo de integración. La historia ha demostrado de manera particular en el caso de América Latina cómo la propia concepción de los instrumentos a utilizar y su implementación en la práctica explican en buena medida el fracaso de los largos años de esfuerzos unionistas que datan en sus variantes más recientes de más de cuarenta años.

En el marco de este conjunto de precisiones que es necesario formular, hay que considerar de manera muy especial a la integración como COMPLEMENTO de los esfuerzos de desarrollo nacionales y nunca cómo remedio “mágico” que sea capaz por sí mismo de dar respuesta a los graves problemas que enfrentan los países latinoamericanos y los subdesarrollados en general.

Son estos elementos apuntados los que dan cuerpo y razón de ser a este conjunto de reflexiones que se propone, sobre la base de la HIPÓTESIS de que la integración entre países subdesarrollados no sólo es posible, sino imprescindible en el mundo de hoy y de que en el caso específico de América Latina es factible diseñar una especie de “modelo” que tenga en cuenta la enorme experiencia acumulada y un conjunto indispensable de elementos para que la misma no sólo resulte viable, sino que forme parte indisoluble de los esfuerzos nacionales de desarrollo, considerando además que EL TIEMPO APREMIA.

Para dar respuesta a esta formulación, el trabajo se estructura en diferentes acápites, que incluyen la presente Introducción, Precisiones Conceptuales, la presentación de lo que considera la autora acerca de las Ventajas que puede aportar la Integración en el caso de las naciones subdesarrolladas, un análisis de las Tendencias Actuales de la Integración a nivel internacional, los Elementos que deben ser tomados en cuenta en el diseño de un Modelo de Integración Autóctono y eficaz, para terminar con un conjunto de Consideraciones Finales.

Esperemos que este conjunto de estas ideas satisfagan las expectativas de los interesados y contribuya, al menos en un mínimo en una mejor y más efectiva participación de nuestros países en la economía internacional a través de la integración regional.

Precisiones Conceptuales

Quizás uno de los conceptos más debatidos en los medios intelectuales en la actualidad es el relacionado con la integración, pues depende mucho de los criterios económico-filosóficos y políticos que se adopten, así como de consideraciones diversas respecto a su alcance y modo de instrumentación. De este modo, conviene precisar los elementos fundamentales que de acuerdo al punto de vista de la autora deben considerarse.

Es así que se entiende por Integración Económica un proceso de creciente íntervinculación de las economías nacionales, que tiene lugar a partir de la reducción o eliminación de los obs­táculos que impi­­den el desarrollo de los vínculos mutuos, con el pro­pósito de ob­te­­ner beneficios conjuntos, en función de los inte­reses de los agen­tes económicos dominantes. Refleja las parti­cularidades de la base económica de los miembros y po­see ca­racterísticas multifacé­ti­cas, sobre todo en los esta­díos supe­riores, con implicaciones y condicionamientos de orden político y socia­l.

A partir de este enunciado, es conveniente destacar algu­nos de sus aspectos más relevantes, donde sobresale, en primer lu­gar el carácter de proceso de la integración, en tanto su instrumentación debe llevarse a cabo de manera paulatina, acumulando cambios cuantitativos que permitan los necesarios saltos cualitativos de acuerdo a las circunstancias de cada momento.

Ello, a su vez, no está en lo absoluto exento de dificultades y obs­tá­culos, por lo que su evolución puede ca­racterizarse como un mo­vi­miento "a saltos", no necesariamente ascendente, que in­cluye también eta­pas de re­troce­so y la existencia de contra­dicciones entre los participan­tes, según sus diferentes condiciones, objetivos e intereses. Es por ello que la integración y su implementación práctica se caracterizan de manera especial por su COMPLEJIDAD.

Otra cuestión muy importante es la estrecha vinculación existente entre los procesos de integración y las particularidades de las es­tructuras económicas de los miembros, en tanto se esta­blece una relación biunívoca entre ambos, condi­cio­nando uno al otro, de acuerdo a las circunstancias concretas de cada caso, pero donde siempre prevalece como factor fundamental la situación económi­ca específica de cada participante, tanto des­de el punto de vista del nivel de desarrollo de las fuerzas pro­ducti­vas, el carácter de las relaciones sociales de producción, como del mo­mento del ciclo económico en que se en­cuentren. Pudiera p­lan­tearse en este sentido que se trata de una relación parti­cular entre BASE -economía de los miembros- y SU­PERESTRUCTURA: el pro­ceso integracionista.

Este es un aspecto que sin dudas resulta medular, pues implica la necesidad de considerar muy objetivamente las condiciones de partida que permitan determinar los mecanismos más adecuados a instrumentar, evitando en todo momento la "COPIA" DE MODELOS AJENOS a la realidad particular de que se trate.

Este es un axioma medular en el caso de las naciones subdesarrolladas, por lo que no tenerlo en cuenta pone en peligro cualquier intento unionista que se lleve a cabo, tal como ha ocurrido en el caso de muchas experiencias que han tenido lugar no sólo en América Latina, sino en el mundo en general, cuando se trató en reiteradas oportunidades de imitar a la entonces Comunidad Económica Europea, caracterizada por una realidad bien diferente a la de los países involucrados en las diferentes experiencias.

Con relación a los agentes propulsores de tales procesos, es importante apuntar que los mismos tienen un carácter fundamentalmente microeconómico, pues son éstos los que llevan concretamente a vías de hecho las medidas integracionistas, aunque los gobiernos respectivos también participan en mayor o menor grado, de acuerdo al caso.

Es así que se explica la necesidad de lograr un estímulo adecuado sobre todo a los principales actores, incluyendo de una u otra forma también a los ciudadanos de las diferentes naciones, de modo que devengan todos en participantes cada vez más activos y sensibilizados con el tema, sobre la base del convencimiento de que las complicaciones derivadas de la implementación de las medidas unionistas, se pueden ver compensadas por los beneficios que de la misma es posible derivar.

Por otra parte, la integración es, por definición, un fenómeno cada vez más incluyente y abarcador, donde necesariamente deben estar presentes elementos diversos, que desborden el plano más clásico –estrictamente comercial- e incluso el económico, considerándose todos los elementos que de una u otra forma favorezcan la unión, sobre todo en el orden social, al tiempo que se establecen relaciones causa-efecto diversas, tanto desde el punto de vista económico, como político y social. Esta realidad insoslayable explica claramente el carácter multifacético y holístico del fenómeno, visto en su SENTIDO MÁS AMPLIO, aunque en general primen los aspectos económicos, tanto desde el punto de vista de sus motivaciones como de su operacionalidad.

Como puede apreciarse de esta pequeña reseña, el concepto de integración, debe entenderse siempre en su múltiple dimensión, de modo de reflejar su compleja realidad, conjugándose a su vez con otros tipos de relaciones que están presentes asimismo en el mundo actual y son de especial interés de las naciones subdesarrolladas. Se trata en primer lugar de la cooperación, entendida ésta como el establecimiento de vínculos estables -económicos o no- entre países, sin que ello implique el acercamiento de sus economías, y también de la colaboración, como forma de cooperación mediante la cual una de las partes ayuda a la otra en cualquiera de sus modalidades.

Otro aspecto de interés a resaltar desde el punto de vista conceptual es la interesante intervinculación dialéctica que se produce entre dos de los fenómenos más típicos del mundo de hoy, en estrecha relación con el tema objeto de estudio, esto es, la Globalización3 y la Regionalización, las cuales aparecen como tendencias contradictorias, que simultáneamente se refuerzan y se niegan mutuamen­te.

La Regionalización puede interpretarse como una de las principales formas que adopta la Globalización, en tanto los bloques económicos actúan como sub­conjuntos del sistema económico mundial, con la particulari­dad de que prácticamente este proceso se reduce a las tres regio­nes que conforman el centro del mundo desarrollado, como expresión a su vez de una hegemo­nía compartida en la escala mundial de pode­res. Se hace referencia así a una Regionalización de la Globa­lización, indi­cando, por una parte la inexistencia de un es­quema claro de do­mi­nación global, y por la otra, la concen­tra­ción del poderío eco­nó­mico, político y social sólo en de­termi­nadas áreas, lo que im­plica a su vez la exclusión de un con­junto importante de países de tal tendencia, como es el caso de la mayoría de los países de &a acute;frica Subsahariana.4

Por otra parte, como elemento sobre todo válido –por su imperativo- para la integración entre países subdesarrollados, la Regionalización puede entenderse también como la forma más racional y de mayores posibilidades para enfrentar los enormes retos que implica la globalización.

Al mismo tiempo, la formación de bloques económicos se contrapone al proceso globalizador, en tan­to implica en última instancia una frag­men­ta­ción del mercado mundial, aunque tales bloques no estén cerra­dos en sí mismos, ya que sus vínculos externos suelen tener un peso signi­ficativo.
La Regionalización es asimismo un eslabón intermedio entre la su­pervivencia de los estados nacionales5 y la Globalización, pues conlleva la formación y consolidación de zonas eco­nó­micas de mayor tamaño, mientras que de la misma forma tiende a estimular la pro­pia Globa­lización al incorporar ma­yores es­pacios económicos al orden mun­dial imperante y puede verse hasta cierto punto como un paso hacia su profundización.

Por otra parte, la mundialización actualmente significa básicamente globaliza­ción de los mercados financieros, de la competencia y de la demanda, mientras que la regionalización se vincula principalmente con las redes de producción y de suministro, mucho más concentradas geográficamente, en función de los requerimientos de los sistemas de producción más modernos y del establecimiento de redes y cadenas productivas y de valor de diverso tipo.

Al mismo tiempo, la globalización reduce sensiblemente la soberanía con respecto a la instrumentación de políticas económicas, mientras que la regionalización brinda mayores alternativas para la coordinación de las mismas, lo que ofrece la posibilidad de disminuir de conjunto este riesgo.

Se expresan también importantes contradiccio­nes que tipifican la economía internacional actual, entre ellas, la apertura impulsada por la Globalización y la defensa de los espa­cios econó­micos nacionales o regionales.

Un ejemplo de ello puede encontrarse en la peculiar inserción de los bloques económicos en el contexto del multilateralismo que se ha estado tratando de reforzar a partir del surgimiento de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el fortalecimiento de las reglas comerciales internacionales, muy asociadas a la Globalización, pero que en la práctica enfrentan serias dificultades, como se constata a través del fracaso que ha tenido hasta el momento –a pesar de los innumerables intentos por evitarlo- la Ronda de Negociaciones Comerciales Multilaterales de Doha, la “mal llamada” Ronda Doha para el Desarrollo.

Es aquí donde se inscriben los principios del Regionalismo Abierto, que pueden interpretarse como la solución que se brinda desde el punto de vista comercial a la contradicción que se produce entre la regionalización y la globalización, pero favoreciendo sobre todo esta ultima y a los principales agentes que la propician, las empresas transnacionales.

En realidad una adecuada instrumentación de los principios del Regionalismo Abierto resulta ventajosa para todos los participantes en la economía mundial, en tanto evita la conformación de bloques altamente proteccionistas, el gran problema estriba en que tal filosofía no se aplica por igual por parte de los diferentes bloques, según se trate de países desarrollados o no.

En sentido general puede concluirse cómo seguirá coexistiendo la peculiar relación existente –contradictoria y complementaria- entre la Globalización y la Regionalización, en tanto fenómenos objetivos que caracterizan especialmente la economía internacional actual, cuestión que sin dudas a su vez condicionará en buena medida las particularidades que adopten ambas tendencias.

A partir de todas estas precisiones conceptuales se impone considerar las posibles ventajas o desventajas que puede ofrecer la Integración en el caso particular de las naciones subdesarrolladas, condición que se caracteriza, entre otros muchos elementos, por la deformación estructural de sus economías.

De esta forma, en el próximo epígrafe se hace una breve valoración de los elementos que están presentes en este fenómeno que explican las razones por las que se propone como una de las alternativas viables para mejorar la difícil situación de estas naciones, siempre que se parta de determinadas bases teóricas y por supuesto, prácticas.

¿Por qué la Integración para los Países Subdesarrollados? Una Valoración.

Con el objetivo de que el fenómeno integracionista redunde en un mejoramiento REAL de la situación de los países subdesarrollados y repercuta favorablemente sobre sus pueblos frente a las cada vez más complejas circunstancias que imponen tanto los países hegemónicos y sus principales agentes, las empresas transnacionales, resulta imprescindible realizar un conjunto de acotaciones que permitan valorar en su justa dimensión sus posibilidades y potencialidades.

En primer lugar, se parte del principio de que la integración no puede verse en ningún caso como “solución óptima” que permita “per se” enfrentar exitosamente todos los problemas existentes en la actualidad, considerando las diversas dificultades existentes, así como los diferentes resultados obtenidos, según las circunstancias prevalecientes en cada caso.

En la situación específica de los países subdesarrollados este axioma toma una relevancia mayor en función de las complejidades propias de sus realidades, que sólo pueden explicarse a partir de largos años de dominación y explotación por parte de las grandes potencias.

Es por esto que se hace IMPRESCINDIBLE que para que se logre un mejoramiento efectivo de las condiciones de estas naciones las acciones integracionistas se vean acompañadas por la instrumentación de transformaciones PROFUNDAS en el plano interno, tanto desde el punto de vista económico como político y social por parte de las naciones participantes.

En otras palabras, no se le puede pedir a la integración, lo que no se ha logrado hacer a nivel nacional a lo largo de la historia. Es por ello que hay que considerar a la misma como complemento y soporte de las medidas transformadoras internas.

Por otra parte, es necesario garantizar al menos en un mínimo las condiciones necesarias para el éxito, en tanto no se pueden olvidar los enormes esfuerzos que deben realizarse para instrumentar y llevar adelante cualquier proyecto de este tipo, que en el caso de los países subdesarrollados, son todavía mayores, de acuerdo a las inmensas dificultades a las que es preciso dar respuesta. Una cuestión central es el establecimiento de objetivos y plazos realistas según las condiciones concretas de cada caso.

Al mismo tiempo, sobre todo en tanto se avanza en los mecanismos integracionistas, se hace cada vez más necesario, en mayor o menor medida, ceder ciertas cuotas de soberanía nacional y de autonomía en el proceso de toma de decisiones, en función del carácter de las acciones a implementar, que en general requieren de mayor coordinación de las políticas económicas. Ello siempre entraña dificultades y provoca desavenencias entre los participantes, razón por la cual se hace imprescindible realizar un balance adecuado entre estos costos y los beneficios que pueden derivarse de la unión entre las partes. El principio que debe prevalecer es el de minimizar las diferencias y potenciar los aspectos comunes.

También hay que considerar muy especialmente entre los efectos nocivos, la polarización de beneficios que implica la integración a favor de los agentes económicos y los países de mayores potencialidades, por lo que es necesario incluir tratamientos más favorables a los más débiles, que pueden ser transitorios en caso de que se logre superar en alguna medida la diferenciación existente. Estas acciones no sólo deben llevarse a cabo por razones éticas e incluso humanas, sino como parte de los propios requerimientos de un buen funcionamiento del esquema unionista.

Para muchos países, éstos constituyen males inevitable que tratan de compensar con las ventajas, que de acuerdo al caso, les brindan los mecanismos integracionistas, cuando, al mismo tiempo, muchas de estas cuestiones pueden ser hasta cierto punto inteligentemente manejadas por los participantes de modo de lograr sortearlos lo más posible, mientras que se garantiza al mismo tiempo, una adecuada independencia en cuestiones consideradas esenciales. Ello dependerá también de las circunstancias políticas, los mecanismos utilizados y de las medidas que se instrumenten para preservar los intereses de los más débiles.

Como contraste, existe en general consenso acerca de las claras VENTAJAS que se derivan de la integración, destacándose principalmente:

Mayores posibilidades para lograr una adecuada inserción en la complicada economía internacional de hoy. Estas opciones que se ofrecen se tornan mucho más obvias para el caso de los países pequeños y subdesarrollados, aunque es válida para todos.
Aumento de las posibilidades de enfrentar en mejores condiciones los llamados problemas globales que afectan el mundo actual, en tanto, los países unidos disponen de más recursos, para, por ejemplo, dar respuesta a los cada vez mayores requerimientos de Investigación-Desarrollo, el enfrentamiento a los problemas medioambientales o la lucha contra el narcotráfico y en enfrentamiento de enfermedades como el VIH-SIDA.
Se maximizan las opciones para llevar a cabo alianzas estratégicas y actividades conjuntas, complementarias, lo cual se torna todavía más importante si se considera la integración en todas sus aristas, tanto económicas como sociales y políticas, sobre la base de que cualquier actividad puede ser motivo de unión entre los participantes.
Se potencian las opciones de desarrollar más ampliamente una adecuada cooperación y colaboración entre las partes, en la medida en que la integración, analizada bajo el prisma de los requerimientos del mundo de hoy, promueve las más diferentes formas de intervinculación entre los diferentes agentes económicos.
Se hace más efectivo, racional e incluso complementario el uso de los recursos naturales, se favorece el logro de economías de escala y pueden acometer en mejores circunstancias proyectos conjuntos que se viabilizan en los procesos de integración de nuevo tipo, vistos en su concepción más integral. También se facilita el intercambio y la mejor capacitación de los recursos humanos existentes en los diferentes países.
Se amplían las posibilidades de lograr efectos multiplicadores al interior de las economías participantes, por el estímulo derivado del mejoramiento de la especialización productiva y de la promoción de relaciones intra e intersectoriales más profundas, con lo que se promueve un mayor crecimiento económico.
También se favorece la atracción de nuevos capitales, en tanto la integración –en caso de ser exitosa- deviene en atractivo adicional para los mismos.

Se crean mejores condiciones para adoptar posiciones comunes del grupo de países miembros frente a los organismos e instituciones internacionales o cualquier otro proceso de negociación internacional.

De acuerdo con estos elementos, se hace evidente que la balanza se inclina evidentemente a favor de la integración, siempre y cuando la misma se diseñe e instrumente adecuadamente y según los requerimientos específicos de los participantes.

Continuando con el análisis de los objetivos que se propone alcanzar el presente trabajo, resulta de interés considerar las particularidades que ha ido asumiendo la Regionalización a través de las tendencias más recientes de la Integración Internacional, de modo de continuar agregando elementos que permitan un diseño más adecuado de las medidas que deben instrumentarse en un esquema integracionista de modo que el mismo se ajuste a la realidad del momento actual.

Tendencias Actuales de la Integración Internacional

Entre las tendencias más recientes que caracterizan la Integración en la actualidad, sobresalen por su importancia las siguientes:

Junto con la clásica integración económica, típica de los es­que­­mas creados a partir de los años 50, establecida mediante acuerdo explícito entre las partes, conocida también como in­tegración for­mal o de "jure", se han desarro­llado importantes procesos donde no existe acuerdo que oficialice los fuer­tes vínculos eco­nó­­micos sobre todo productivos y financie­ros, que de forma cre­ciente se han fomentado entre los partici­pantes, como es el caso de Japón y los principales países del Sudeste Asiático (inte­gra­ción silen­ciosa, real o "de facto"). No necesariamente la integración de facto deviene en integra­ción de jure, aunque no se excluye esta posibilidad como suce­dió con la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Esta­dos Unidos, Canadá y México (TLCAN). Ahora bien , en cualquier caso, se requiere como con­dición para el éxito QUE EXISTA CIERTO GRADO DE INTEGRACIÓN REAL que avale la constitución oficial de un proceso integra­cionista, lo que a su vez influye sobre la evo­lución de los vínculos que existen de "fac­to".
Se evi­dencia una relativa reducción del papel del estado en la consecución de estos procesos, aunque ob­via­men­te la voluntad política y la aplicación de de­terminadas medi­das oficiales de apoyo conti­núa te­niendo particular relevancia, como forma de estimular a los agentes microeconómicos, que son en general los actores más dinámicos del acercamiento entre los países.
La integración económica ya no se concibe sólo como un fe­nó­me­no de carácter exclusivamente comercial, ante la evidencia del fracaso de muchos esquemas malogrados ante la preeminencia de tales criterios. Así, se han co­menzado a aplicar con un peso significativo nuevos mecanismos como es el caso de la coopera­ción intrasectorial, los que tienden a su vez a ha­cer desaparecer las diferencias que históricamente han estado bien delimitadas entre los instrumentos de integra­ción y los de cooperación y colabo­ración, mientras que también se focaliza en la coordinación de políticas a nivel institucional o intergubernamental. En algunos casos, se consideran asimismo y de manera creciente vínculos extraeconómicos, como los relacionados con la cultura, la salud pública y también con los aspectos políticos, por lo que el proceso de acercamiento entre las naciones participantes trasciende cada vez más la esfera económica.
Se han desarrollado numerosos acuerdos subregionales específicos que incorporan particularmente –e incluso se inician- a partir de los vínculos existentes entre regiones cercanas o fronterizas pertenecientes a diferentes países, con lo que se establecen las llamadas "zonas o triángulos de crecimiento", potenciándose así el desarrollo de la cooperación, la complementación y la propia integración.
Los nuevos enfoques consideran asimismo la necesidad de apli­car los diferentes instrumentos y mecanismos integracio­nistas sobre la base de criterios más flexibles que eviten incumplimien­tos o provoquen desajustes indeseables en un momento dado.
En la creación de los bloques no ne­cesa­riamente se tienen en cuenta las concepciones tradiciona­les de re­gión geográfica, que presuponen una continuidad terri­to­rial, so­cio­lógica y cultural, en tanto se priorizan otros cri­terios de carácter económico o político con­siderados más acertados. Un ejemplo de ello, puede encontrarse en la constitución en 1989 del Foro de Cooperación Económica de Asia (APEC) que incluye a 18 países con riberas en este océano, pero que muestran grandes diferencias culturales, lingüísticas y de nivel de desarrollo. 6
La Regionalización está liderada por los países más desa­rro­lla­­dos, que son los que participan en los bloques de mayor éxito a nivel mun­dial, en función de las potencialidades de sus economías, tratando además de obtener por esta vía ventajas en la lucha por la hegemonía mundial y en la preservación de áreas de influencia. Den­tro de estos esquemas siempre sobresale una potencia hege­móni­ca, quien tra­za las pautas del desarrollo del proceso en fun­ción de sus inte­reses, por ejemplo, Alemania en la Unión Eu­ropea, Esta­dos Unidos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) o Japón en el Sudeste Asiático.
Otra cuestión particularmente interesante se refiere a la exis­tencia de bloques integracionistas donde participan países con di­ferentes niveles de desarrollo, como es el caso de México en el TLCAN e in­cluso con dis­tintos sistemas socioeconómicos, por ejemplo, los fuertes vín­cu­los que han establecido China y Viet Nam con los países del su­deste asiático7, cuando históricamente se concebía la homogeneidad en estos aspectos como un requisito que im­prescindiblemente debía ser cumplido para lograr la viabilidad de cualquier es­quema. La flexibilización y diversificación de los mecanismos inte­gra­cio­nistas de los últimos tiempos ha favorecido esta ten­dencia. Ahora bien, deben tenerse muy en cuenta los enormes costos que tienen que asumir los países más atrasados dentro de un determinado bloque, mientras que, en cualquier caso SE REQUIERE DE P UNTOS DE CONTACTO MÍNIMOS ENTRE LOS MECANISMOS ECONÓMICOS de los países partici­pantes de modo de garantizar al menos un adecuado funcionamiento del sistema.
Cada vez más los países tienden a participar en varios esquemas a un mismo tiempo, lo que puede interpretarse como una forma de contar con diferentes alternativas para enfrentar los retos de la economía mundial, pero que en última instancia indica las limitaciones de los mecanismos existentes, que hasta el momento no han sido capaces de dar respuesta a los requerimientos de los países más débiles.8

En general, la situación actual de la integración económica internacional muestra signos de mayor permanencia y durabilidad que en momentos anteriores, en tanto es utilizado como nunca antes para enfrentar en mejores condiciones los enormes desafíos del mundo de hoy y las férreas reglas que se han impuesto. También se trata por esta vía en el caso de los países más desarrollados de lograr ventajas en la lucha por la hegemonía mundial, lo que explica, por ejemplo, cómo Estados Unidos -tradicional promotor de multilateralismo- participe de manera mucho más activa en la actualidad en este tipo de mecanismo.

Por otra parte, es importante señalar que estas nuevas realidades de los procesos integracionistas están mucho más asociados a los enormes cambios que se han estado produciendo en la economía mundial y en particular a los requerimientos de los mismos, por lo que deben ser considerados y aprovechados en la medida de las posibilidades en el diseño y conformación de un “modelo” a seguir para los países más atrasados.

Es precisamente la integración vista en esta acepción abarcadora y novedosa lo que va a permitir, junto con los esfuerzos de desarrollo nacionales, el enfrentamiento por parte de los países subdesarrollados de los enormes retos del mundo actual. No cabe duda de que en estas circunstancias las acciones conjuntas, correctamente encaminadas, resultan mucho más efectivas que el aislamiento.

En función de esta realidad, se hace imprescindible considerar el tipo de mecanismo integracionista que puede resultar más recomendable en el caso de las naciones más débiles. Para ello se proponen en el siguiente acápite un conjunto de consideraciones a tener en cuenta.

REPENSANDO LA INTEGRACION: Elementos que deben ser considerados en el Diseño de un Modelo de Integración Autóctono en las Circunstancias Actuales.

Resulta imprescindible tener en cuenta la realidad económica, política y social de los países participantes, de modo de diseñar los mecanismos correspondientes en estrecha relación con sus condiciones, particularidades y tendencias. La consideración de la base económica de la cual se parte tiene forzosamente que ser tomada como punto de partida en un diseño adecuado de cualquier proyecto de integración.
La integración no debe concebirse en ningún caso como una cuestión estrictamente comercial, sino que, por el contrario, debe abarcar cada vez más otros sectores de actividad, como son los servicios, la cooperación industrial, y tecnológica, incluyendo actividades extraeconómicas, como la salud, la educación y la cultura, en especial, en el caso de nuestros países. Deben potenciarse todas las acciones que unan, independientemente de sus particularidades y nivel abarcador, así se trate de lo que pueda considerarse relativamente insignificante.
Debe reducirse en la mayor medida posible la dependencia respecto a los centros hegemónicos internacionales a través de la potenciación de la complementación entre los participantes.
Hay que lograr un adecuado estímulo a los diferentes agentes económicos, políticos y sociales de los países involucrados, tratando de que se sientan partícipes activos de los procesos en curso, para que no perciban la integración como una cuestión ajena a sus realidades y posibilidades de actuación, con énfasis especial en los ciudadanos, que deben sentir de una u otra forma su participación y las ventajas del esquema en el que participan sus países.
En una buena parte de los casos, los propios efectos del proceso integrador pudieran provocar beneficios mayores para los agentes económicos más poderosos, básicamente las empresas transnacionales, que ven ampliarse su radio de acción a través del aumento del tamaño de los mercados. Es por ello que se requiere también de la existencia de fuertes es­tados naciona­les, y de gobiernos con la voluntad política necesaria, que logren compensar los efectos nocivos de la polarización de los beneficios, impulsen acciones importantes a nivel macroeconómico e intervengan en caso de necesidad ante los desajustes que pue­dan presentarse, de acuer­do a la complejidad típica de tales procesos, impulsando un trato preferente efectivo a los más débiles.
Debe partirse de un diseño flexible, que potencie sobre todo en los primeros momentos los elementos más aglutinadores y de acercamiento, sin que sea necesario en ningún caso seguir un ordenamiento preestablecido, que privilegie, por ejemplo, las cuestiones comerciales o las discusiones interminables acerca de las desgravaciones arancelarias.

Este diseño flexible debe tener en cuenta, sin embargo, la necesaria precisión que debe hacerse de los objetivos a lograr y de los plazos para alcanzar los mismos, del modo más realista posible, considerando los posibles imprevistos que puedan presentarse, pero siempre sobre la base de la ineludible credibilidad que garantice la confianza de los agentes económicos, tanto desde el punto de vista interno como externo. En ocasiones tal flexibilidad puede resul­tar contraproducente en tanto puede dila­tar indefinidamente la aplica­ción de medidas importantes, por lo que se requiere equili­brar inteligentemente ambos criterios.
Debe aprovecharse y potenciarse lo más posible la complementariedad existente entre los países participantes, de modo que ello favorezca el necesario acercamiento que debe tener lugar. No obstante, no debe limitarse una adecuada competencia que pueda conducir a mayores ventajas de diverso tipo para los participantes, como puede ser el caso de un mejoramiento de la calidad de los productos.
Al mismo tiempo, este de­be ser un pro­ceso en constante cam­bio y negocia­ción, si­guiendo una lógi­ca que tenga en cuenta una sucesión racional y realista de eta­pas a alcan­zar, considerando todas las condicionantes que puedan estar presentes en un momento dado.
No puede interpretarse la integración como vía de desarrollo por si misma, sino como complemento de acciones transformadoras internas y como parte activa de las políticas nacionales.
Si lo que se persigue, como el caso que nos ocupa, es una integración que favorezca verdaderamente una mejor inserción de los países más atrasados en la economía internacional, se debe excluir la posibilidad de que participen países desarrollados en la misma, como pudiera ser el ejemplo del TLCAN o los Tratados de Libre Comercio firmados por Estados Unidos o la Unión Europea con algunos países o subregiones en América Latina. No puede olvidarse en este sentido que la propia integración genera una polarización de los beneficios a favor de los más poderosos, por lo que de hecho, en estos casos, lo que se produce en la práctica es una absorción en mayor o menor grado de las economías más débiles por parte de las más fuertes y nunca favorecería un desarrollo verdaderamente autóctono de las naciones involucradas.
Vinculado con lo anterior, en los esquemas integracionistas que se conciban sobre nuevas bases deben existir mecanismos compensatorios diversos que contrarresten las diferencias que puedan existir entre los diferentes países y regiones participantes. Esta, además de una cuestión de principio, de carácter político conceptual, constituye una necesidad del propio avance del proceso integracionista con vistas a garantizar un nivel adecuado de cohesión.
Como se trata de un proceso particularmente complejo, hay que considerar la envergadura de los posibles problemas a enfrentar y no “rendirse” en caso de que surjan dificultades, todo lo contrario, adoptar las medidas necesarias para sortearlas y seguir adelante aplicando variantes, alternativas que ayuden a resolver en la medida que las circunstancias lo permitan, los problemas.

En síntesis, para el caso que más nos ocupa, el de los países subdesarrollados, y en el de América Latina y el Caribe en particular, se trata de diseñar un modelo de integración inédita, con un espectro amplio de temáticas, con objetivos y plazos precisos y al mismo tiempo flexibles, que se caracterice por una renovación constante, reforzando sobre todo su componente social y humano.

Sería necesario además considerar la instrumentación de la integración con un enfoque estratégico, con objetivos bien definidos que potencie las similitudes y respete las diferencias existentes entre los participantes.

Obviamente, tales consideraciones deben ser tenidas en cuenta sobre la base del reconocimiento de que los fenómenos de integración están in­fluenciados por un sinnúmero de elementos, que inclu­yen factores extraeconómicos - principalmente políticos- que pueden llegar a ser los que en un momento dado determinen las decisiones finales o que en ultima instancia atenten contra la viabilidad del proceso.

Consideraciones Finales

La integración entre países subdesarrollados no solo es posible, sino que resulta prácticamente imprescindible para lograr una mejor inserción en la economía internacional actual, llena de desafíos y de complejidades, que incluso las naciones más desarrolladas están cada vez privilegiando más.

De lo que se trata básicamente es de asumir los costos derivados del fenómeno, sobre la base del principio de que resulta mucho más difícil y oneroso intentar esta inserción de manera individual o aislada.

En general, no puede interpretarse la integración económica o la regionalización como un fin en sí mismo, no constituye como tal una condición que garantice el éxito a sus miembros, ni siquiera, necesariamente una mejoría sustancial con respecto a las circunstancias anteriores a la creación del esquema, puesto que los aspectos esenciales parten sobre todo de la situación económica interna de los participantes, los que a su vez están sometidos a diversas condicionantes externas.

No obstante, a través de los mecanismos integracionistas, adecuadamente diseñados, teniendo en cuenta e implementando los diversos elementos apuntados, pueden obtenerse beneficios importantes, sobre todo si se compara con una participación individual en la cada vez más compleja economía internacional actual. Es por ello que resulta particularmente recomendable la integración, sobre todo para las naciones más atrasadas, ante la ausencia de una mejor alternativa que favorezca al menos una mejoría de su compleja realidad.

Es por ello que debe intentarse un modelo de integración NOVEDOSO, que considere las experiencias acumuladas y las realidades existentes, complementándose adecuadamente con los imprescindibles cambios que deben instrumentarse al interior de los países, de modo de ello permita un mejoramiento de la difícil situación que enfrentan las naciones subdesarrolladas. Hay que tener en cuenta además, que el factor tiempo es ESENCIAL con vistas a favorecer sobre todo a las clases sociales más afectadas en los países miembros, de lo que se deriva imprescindiblemente la prioridad que debe concederse a las cuestiones SOCIALES.


BIBIOGRAFIA CONSULTADA


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