Martianos

Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

HONRAR HONRA No. 48/11
Órgano de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado de la República de Cuba.
Editor: Subdirector Lic. Eulogio Rodríguez Millares,
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"Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la
masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita
demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase
de esta generación” (José Martí. Nuestra América. Centro de Estudios
Martianos. La Habana , 2005. p. 24)

Para todos los martianos del mundo. Fechas a no olvidar en el 2011

28 de enero, 158 aniversario del natalicio de José Mart.
30 de enero 120 aniversario de la
publicación del Ensayo Nuestra América en el periódico El Partido
Liberal, de México,
19 de mayo, 116 aniversario de su heroica caída en Combate en Dos Ríos.
Convirtamos cada monumento a Martí, cada calle, plaza, escuela, instituciones culturales, salas de lectura y
otras instituciones que llevan su nombre o el de República de Cuba, en
espacios para testimoniar nuestro homenaje al Apóstol y reafirmar la
vigencia de su pensamiento político y su obra, que sigue siendo fuente
de inspiración para la conquista de un mundo de paz, equidad y justicia
social. Agradecemos nos envíen informaciones de lo que hagan para
publicarlas en el Boletín Honrar Honra. Sugerimos dedicar las jornadas
conmemorativas a difundir Nuestra América, ensayo que sintetiza su cada
vez más vigente pensamiento político Nuestro americano.

DOCUMENTOS INCLUIDOS EN ESTE NÚMERO.


1.-Palabras de Armando Hart en el acto de constitución de la Cátedra
Bolívar. Martí, Sandino. Palacio de Convenciones, 28 de enero de 2009
2.- 2.- VIGENCIA DEL PENSAMIENTO MARTIANO EN EL SIGLO XXI.
por Thelvia
Marín

1.-Palabras de Armando Hart en el acto de constitución de la Cátedra Bolívar. Martí, Sandino. Palacio de Convenciones, 28 de
enero de 2009

Con un inmenso placer y legítimo orgullo venimos a sumar nuestra voz en este acto de constitución de la Cátedra Bolívar ,
Martí, Sandino que por iniciativa de la Fundación Gran Mariscal de
Ayacucho se crea en el día de hoy.

Fue el novelista dominicano, Manuel de Jesús Galván, quien exclamó cuando conoció a José Martí en
tierra dominicana: “He aquí lo que faltó a América hasta ahora, el
pensamiento a caballo

Nuestros hijos y descendientes, aquellos que vivirán bien entrado el siglo XXI, reclaman de nosotros una acción y
un pensamiento fundamentado en la cultura de emancipación
y de integración que constituye su rasgo distintivo. Sólo los malvados y
los mediocres renuncian a este glorioso empeño. Estamos obligados por
mandato de la historia a preservar la memoria histórica de nuestros
pueblos y a trasmitir ese legado a las nuevas generaciones.

En su visionario ensayo Nuestra América refiriéndose precisamente a ese
pensamiento nuevo surgido de un hombre nuevo señaló:

Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y
la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita
demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase
de esta generación

[1] América Latina y el Caribe están llamados a desempeñar un papel clave para elevar la conciencia universal sobre
los desafíos que tiene ante sí la humanidad en los albores de este nuevo
siglo. Debemos asumir la responsabilidad de situar el pensamiento
latinoamericano y caribeño en
la balanza en favor del amor, en contraposición al odio, a favor de la
unión, en rechazo a la fragmentación del mundo y contribuir a salvar a
la humanidad de un colapso que pudiera resultar definitivo para la
propia existencia de la vida sobre la Tierra.

Para promover ese pensamiento en el siglo XXI, no hay mejor camino que estudiar la
vida y la obra de los grandes próceres y pensadores de nuestras patrias.
Si se tratara de hacer, como en el pasado ha ocurrido, debatiendo
concepciones políticas, filosóficas o sociales en un plano abstracto,
no saldríamos del laberinto ideológico en que estamos inmersos. En
cambio, estudiando la historia real de las ideas de nuestros grandes,
podremos encontrar caminos de cohesión, articulación y acciones
conjuntas a favor de la liberación humana. Por esa razón reviste una
importancia esencial la constitución de esta Cátedra que enlaza la vida
y el pensamiento de tres figuras
claves de nuestra historia americana.

La América de Bolívar, de Martí y de Sandino tiene argumentos para probar hoy, con el rigor del
pensamiento científico y mostrando la dramática realidad de los hechos,
que el sueño milenario de la utopía universal del hombre es la única
posibilidad real de salvar a la especie humana de su posible extinción.
Queden atrás viejas polémicas sobre ideologías y doctrinas encerradas en
dogmas, la maldad y la torpeza. Aprovechemos todo el caudal que está a
nuestra disposición en la en la historia de América y, desde luego, su
cúspide, el pensamiento emancipador de los siglos XIX y XX.

La inmensa sabiduría de José Martí y sus relaciones con la cultura
universal en su sentido más amplio constituye, hoy más que nunca,
referente indispensable para enfrentar los colosales desafíos que
tenemos ante nosotros. En estos referentes están contenidas claves
esenciales de la identidad de la
cultura latinoamericana y caribeña. Esa cultura representa la
convergencia armónica entre la utopía, concebida como realidad futura, y
las acciones para alcanzarla. Hoy podemos superar la vieja dicotomía
entre la razón y las emociones, entre lo objetivo y lo subjetivo.

En la Europa de los siglos anteriores se puso de relieve el valor de la
teoría de la abstracción. Norteamérica, bajo la influencia sajona,
exaltó el papel del pragmatismo llevándolo a extremos. En nuestra
cultura sobresale la influencia de las emociones y del amor, es decir,
los llamados factores subjetivos. Hoy estamos en la obligación de
articular emociones y razón para que orienten nuestra acción, y lo
podemos hacer si asumimos en el nuevo tiempo toda la tradición cultural
y de pensamiento en lo que Martí llamó Nuestra América y la forma en
que creció, se desarrolló y amplió.

Se nos ha acusado de ser muy subjetivos, muy emocionales, podemos demostrar, si nos
orientamos por el pensamiento de Martí, que es factible unir razón y
emoción. Ahí está lo que necesita el mundo.

Desde esta Cátedra que hoy constituimos propongo emprender este empeño: probar de una vez
que el homos sapiens no solo se diferencia del resto del reino animal
por su saber, sino también por su capacidad de amar. Ahí está lo que
pudiéramos llamar el ADN de la condición humana. El homo sapiens llegó a
convertirse en hombre tal como hoy lo conocemos porque reúne una
síntesis de estas categorías. En fin, con el rigor de la ciencia
podemos probar el valor práctico de la utopía.

Cuando un dirigente del Partido Autonomista, de visita en Nueva York, le dijo a
José Martí que en Cuba no veía atmósfera para la lucha por la
independencia él le respondió que no hablaba de atmósfera sino que se
trataba del
subsuelo. Así, hay quienes identifican la utopía como algo fantasioso e
irrealizable cuando en realidad la utopía hay que asumirla como un
atisbo de futuro, como una aspiración ideal, quizás inalcanzable en el
corto plazo, pero realizable hacia el futuro. La vida demostró que había
más realidad en el subsuelo del que hablaba Martí que en los que
basaban su práctica política en mantenerse atados a España.


Cuando los ideólogos del Imperio pretenden liquidar los paradigmas y la
memoria histórica de los pueblos resulta más necesario que nunca
exaltar las utopías y al mismo tiempo buscar su fundamento en la
ciencia, en el conocimiento, que incluya tanto lo racional como la
aspiración a un mundo más elevado.

Martí exaltó el papel de la educación, la cultura y la práctica de la justicia y confió en
ello para el mejoramiento de la especie a
través de la evolución biológica. En los versos de su poema “Yugo y
estrella”, no solo postulaba la elevación cualitativa de la humanidad de
su tiempo, sino la de todos los tiempos. Con gran belleza están
expuestos allí los fundamentos filosóficos de esta aspiración.
Recordemos que el poema comienza con una alusión a la evolución de la
vida en la tierra:

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
“Flor de mi seno, Homagno generoso,
De mí y de la Creación suma y reflejo,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,

Y más adelante apunta que existen dos opciones el yugo y la estrella:
Quien acepta el yugo y al buey imita:


Buey torna a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.

Por el contrario, el que la estrella si temor se ciñe, se llena de luz y
asciende en la escala
natural:

Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
Se oye que un paso mas sube en la sombra.”

Aquí y en otros trabajos suyos puede verse cómo Martí aspiraba a que con la cultura, la
educación, la inteligencia y la bondad el hombre fuera más feliz y
pudiera alcanzar los planos más altos de la condición humana. ¿Se trata
de una utopía? Utopía es también la larga evolución de la historia
natural que nos condujo a ser hombres, y el hombre lleva en sí la
aspiración utópica a ceñirse la estrella que ilumina y mata.

La idea de alcanzar a ser un hombre superior tiene fundamentos científicos.
Hay que basarse en lo que existe y en lo que se aspira a que exista
para confirmar la certeza de lo que podemos alcanzar. Hay que situarla
como germen esencial de las ansias de mejoramiento universal del hombre,
ha de fundamentarse tanto en su
carácter ideal como en el análisis de sus posibilidades. Ciencia y
utopía, he ahí la dialéctica que no suele entenderse por los metafísicos
ni tampoco por los pragmatistas anclados en los aspectos más
superficiales de la práctica humana.


En América Latina y el Caribe existe una tradición intelectual que exalta la utopía. Ello está
presente una larga relación de próceres y pensadores, cuyas figuras más
significativas son Martí y Bolívar. Lo original está en que nuestro
“pequeño género humano”[2], como nos llamó Bolívar, hemos interpretado
las ideas de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución francesa
como derecho de todos y no solo de una clase social, es decir,
adquirieron genuino carácter universal.

Martí proclamó su fe en el mejoramiento humano y en el papel decisivo de la educación para
alcanzarlo. Señaló: “Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario
poner riendas a
la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las
riendas de sí mismo”.

[3] Las riendas están en la cultura, y el derecho es la única forma culta de ejercer la violencia; y cuando se
viola la ley y se crean condiciones para la violencia, se están creando
situaciones graves en el orden público. Este es uno de los temas
esenciales que debiéramos discutir a la luz de la tradición ética y
jurídica cubana.

Ha llegado la hora de superar todos los esquemas y dogmatismo que nos llegaron de fuera con diferentes etiquetas
y estudiar la vida y la obra de todos los pensadores y forjadores de
grandes ideas a lo largo de la historia. Es la única forma política y
científica para hallar un camino que nos libere de los sistemas
opresivos y nos permita arribar a una genuina humanidad, como la que
soñaron los grandes utópicos Y esto solo lo podemos hacer con principios
científicos y cultivando el amor y la
solidaridad.

Como ya señalamos, el principal error práctico del siglo XX fue divorciarnos de la cultura, y el principal deber de los
hombres de cultura está en buscar la relación con la política práctica.
Por estas razones, hemos propuesto la necesidad de estudiar lo que hemos
llamado cultura de hacer política, presente en Martí y en Fidel.

2.- VIGENCIA DEL PENSAMIENTO MARTIANO EN EL SIGLO XXI, por Thelvia Marín

Continuación y actualización de la Ponencia Magistral solicitado a la autora y
publicado por el “Consejo de Facultades Humanísticas de Centroamérica,
“COFACA” y por la Universidad Nacional de Costa Rica, “UNA”).

Al conmemorarse el centenario del nacimiento de José Martí, escribí en
versos dictados por la situación de Cuba en aquel momento:
“Quiero las aguas vivas
que encienden las arterias de los pueblos
mordidos por la infamia.
Quiero el yugo deshecho
Y la cadena rota
por la conciencia que viviera esclava...”


En el centenario de su desaparición física, le dediqué otro poema, muy diferente:
“Para hablar de Martí
tendría que decir
lo que nunca le dije a la montaña,
frente al mar en corolas,
bajo los pájaros azules de distancias...”

Ahora propongo retornar al universo de sus ideas, de su pensamiento, de su sensibilidad y de su acción para poder penetrar en ese cosmos integral suyo, capaz de acceder
a dimensiones más abarcadoras aun, que la representada por la ofrenda
consciente y absoluta de su vida, a su apostolado patriótico. Propongo
adentrarnos en su mundo de alcance planetario.

Con ese propósito, debemos trasladarnos a otra dimensión. A la dimensión que le
pertenecía, paralela en el espacio-tiempo, a la que habitó físicamente
en la etapa que le tocó vivir. Es allí donde habitan los INICIADOS,
donde van aquellos que SABEN. Debemos hallarlo dentro de esa dimensión
que asume la ciencia en la curva sutil del Universo.

Es en la línea donde se encuentran, y se separan el
mito y la realidad, el camino por donde fluyen todas las
investigaciones con las que la ciencia ha ido creciendo y que van de la
Alquimia inicial, a la Teoría de la Relatividad, de ésta, a la Mecánica
Cuántica, de allí, al sueño de un viaje por un número impredecible de
dimensiones...
Es, en ese devenir del macrocosmos al microcosmos, donde estas dos teorías buscan su convergencia.

Iremos hasta un punto donde nunca-siempre, todo y nada culminan porque comienza con los
atisbos de la vida y va hacia formas de la vida otra; a esa otredad de
la que sólo los poetas y los iniciados conocían el secreto, hoy
descubierto por la ciencia. El secreto de la existencia del ADN común
para todo lo viviente; y el del puente que lo enlaza con el ARN. Son
secretos que de tan utópicos parecen increíbles. Los iniciados y los
poetas; saben desde siempre, que la materia y la energía son una y la
misma, según el ángulo desde el cual se las mire. El
punto donde la poesía, el mito y la creatividad humana se convierten en
filosofía.

Es justamente en ese sitio donde podremos encontrarnos con Martí, ubicado dentro de la más vibrante actualidad,
desde donde proyecta su vigencia en este Milenio rumbo a realizaciones
futuras, basadas en el desarrollo y la aplicación de su ideario, en
esferas aun no lo suficientemente exploradas como para dar por agotadas
sus posibilidades.

Este planteamiento no entraña una metáfora ni representa un simple homenaje de recordación. Martí en el orden poético
literario fue reconocido por Rubén Darío, más que como un precursor,
como el iniciador del movimiento Modernista. Señala el autor croata
Pavao Pavlicic en su ensayo titulado “La Intertextualidad Moderna y
Postmoderna”, que el modernismo no fue, en modo alguno, únicamente un
fenómeno artístico:”las poéticas modernistas preveían también la
influencia social”.Por otra parte, Ihab
Hassan, en su ensayo “El Pluralismo en una Perspectiva Postmoderna”
dice:”Confieso que siento aversión por el furor ideológico (los peores
ahora están llenos de apasionada intensidad y carecen de toda
convicción); y por las bravatas intimidatorias de los dogmáticos, tanto
religiosos como seglares”.

. El pluralismo en la obra de José Martí es sinónimo de universalismo activo, trascendente,
contextualizador y a la vez confrontador de las ideas que influyen
determinantemente en la esfera social; nunca lastrado por ese “furor
ideológico y dogmático” que esgrimen “los peores”, para enmascarar con
la agresividad de sus vacuidades, la ausencia de convicciones. Ese del
que, con razón, discrepa el autor Ihab Hassan.

. Es indiscutible que el pensamiento martiano se ha manifestado ampliamente como portador
y difusor de esta característica modernista, y ha influido de manera
importante en la obra de cientos de escritores
y pensadores latinoamericanos y de otras latitudes, de comprometida
vocación social.
Pavao Pavlicic expone que” la intextextualidad moderna es marcadamente retórica. Esto quiere decir que se caracteriza
por su evidencia y acabamiento”.Fundamentalmente en la doctrina política
y revolucionaria de Martí se percibe esta manera de dar un “significado
previsto “ y un “mensaje previamente asignado”, al discurso
sentencioso, definitorio, definitivo y acabado.

Aunque es innegable que en casi toda la obra martiana está presente la línea
patriótica y la definición política; en forma paralela va
desarrollándose y trascendiendo otra modalidad en la que él
contextualiza conocimientos, informaciones, referencias, datos y hasta
noticias periodísticas, en la manera abierta, propia de los textos
posmodernistas, haciendo del lector un partícipe activo, un creador
dinámico y un aportador potencial, a sugerencia de lo que lee.


Pero si nos detenemos en un enfoque comparativo de determinados valores rigurosamente afiliados al pensamiento modernista, presentes en
el ideario martiano; debemos tener en cuenta la coexistencia de otros
valores, característicos del postmodernismo.

Para hacer esta afirmación remitámonos a lo que expresa Stefan Morwski en “Reflexiones
Polémicas sobre el Postmodernismo”. Al referirse a Bauman destaca que
este autor tiene “obras que subrayan la sustitución de la “Santa
Trinidad axiológica del modernismo, es decir, los ideales de libertad,
igualdad y fraternidad, por la nueva trinidad basada en las reglas de la
licencia general, la diversidad y la tolerancia”.

Tomemos los textos martianos dedicados a los pueblos originarios de América y
veremos fluir su discurso con todos los componentes de los ideales
modernistas basados en la trilogía “libertad, igualad y fraternidad”
pero además, en ellos veremos también
fluir, paralelamente, esa posición postmoderna que reconoce en la
“licencia general”, una ventana abierta para aceptar, comprender y
respetar, la cultura, la idiosincrasia y los derechos de los otros
pueblos, discriminados por la cultura occidental dominante; estos textos
reconocen en la “diversidad” la fuente de conexión futura para el
desarrollo y avenencia ente todos los pueblos del planeta; y asume la
“tolerancia” con un criterio igualitario mucho más amplio que la
“igualdad” modernista, porque no es parcial, sino abarcadora, a nivel
planetario. Este concepto de “tolerancia” no implica la aceptación de lo
contradictorio absoluto sino la inclus ión de valores, presentes en esa
otredad que está implícita y se incorpora, de hecho, a ese nuevo
concepto que entraña el significado conceptual de la frase “con todos y
para el bien de todos”.

Pavlicic explica que “en los textos posmodernistas la intertextualiad no es
acabada, sino abierta, y no es manifiesta sino que a menudo incluso
está oculta” que “no se le exige al lector que simplemente acepte o
rechace” el texto, sino que “contribuya conscientemente a su creación.
Tal es por supuesto, la posición de toda lectura (y también la de los
textos modernistas), pero en el posmodernismo se trata de potenciar esa
función y de hacer que se tome conciencia de ella, lo que está
totalmente de acuerdo con la naturaleza metatextual de la mayoría de los
esfuerzos posmodernistas”.

La lectura de Martí estimula una respuesta del lector, que es activada creativamente por lo que el texto
despierta en su conciencia.
Este fenómeno se produce especialmente, donde no hay un acabamiento en lo planteado, “la situación humana es
actualizada nuevamente” y provoca una reacción en cadena que mantiene la
vigencia del pensamiento martiano.
Esa participación activa del lector, explica en cierta medida,
por qué sectores de ideologías diferentes, lo asumen como divisa.
aunque algunas veces esgrimen parcialmente y en forma inconclusa ese
pensamiento, que puede tener otro significado, otra lectura cuando se
analiza en su totalidad.

Es interesante destacar cómo Martí utiliza, a lo largo de su obra, una manera intertextual de incorporar
los valores y el pensamiento filosófico de las civilizaciones de pueblos
que no corresponden a la cultura occidental, reconociendo los factores
positivos de ésta, pero dándole a esas otras modalidades de pensamiento
filosófico, plena actualidad y fuerza polémica, sin menosprecio de su
lugar de origen o época de aparición. Esa posición siempre actuante en
su obra, le aporta un interés creciente y una carga emotiva que se
transmite al lector.

Será trabajo de años desglosar estos aspectos de la obra martiana para desarrollarlos y aplicarlos
metodológicamente, a lo expuesto en el párrafo
anterior. Para dar comienzo a este propósito es importante hacer
algunas referencias a lo que Martí escribió, sufrió y luchó para
penetrar en el universo de aquellos pueblos que habitaban en este
Continente Americano, estas tierra de Abya-Yala, antes de la llegada de
los españoles; para desentrañar la rica, polifacética y aun no
sistematizada estructura filosófica de las culturas más avanzadas, que
poseían muchos de nuestros pueblos aborígenes.

Al hacer referencia al elemento intertextual y contextualizador del enfoque
martiano, presente no sólo en sus publicaciones sobre las culturas
indoamericanas sino en gran parte de su obra; debemos enfatizar lo que
Manfred Pfister dice en su trabajo titulado “¿Cuán Postmoderna es la
Intertextualidad?”, al plantear que “la intertextualiad postmoderna es
la intertextualidad concebida y realizada dentro del marco de una teoría
postestructuralista de la intertextualidad. Con esta
definición la especificidad histórica de la intertextualidad
posmodernista se vuelve un asunto de distinción más bien categorial que
cuantitativa.“

De acuerdo con este planteamiento, es necesario aclarar lo que reconocemos como intertextual en determinados textos
martianos. No es a la utilización literal o no, ni a la cita o a la
glosa de textos de otros autores, (ya sea en consonancia o en
contraposición con su propio discurso), lo que le da carácter
intertextual posmodernista a esos textos. Es a la inclusión con una
nueva perspectiva y enfoque, de temas, ideas, pensamiento filosófico,
historia y valores; presentes en otras culturas, en otros códices, en
otras tradiciones orales o escritas; y a la aceptación de igual a igual,
de esa otredad, lo que deviene representativo de la intertextualidad
posmodernista en la obra de Martí..

Partamos de que una forma de pensamiento diferente, no sólo se expresa en sus orígenes, en
lengua y en pueblos diferentes sino que existen diferencias
sustanciales en su urdimbre, en su estructura ideológica y en las
conclusiones a las cuales arriba. Esto conlleva una modalidad
dialogística diferente, en tanto confrontación con otras formas de
pensamiento y por ende, requiere la aplicación de un sistema peculiar
para el entendimiento y la interpretación desde ese “otro” modo de
pensar.

Pero en lo que conocemos como “civilización occidental” estamos habituados, por formación y a veces por complejo de
superioridad, a responder a todo análisis con los esquemas de la
filosofía occidental, la filosofía “oficial” que caracteriza un
pensamiento unívoco, excluyente de toda alternativa que no sea vista
desde el prisma de esa filosofía.

De esa manera la “otredad cultural” no es igualitaria sino discriminatoria. El otro pensamiento:
indígena, africano, afrocaribeño, hindú o asiático; es visto como
exótico, “anterior a la racionalidad histórica”, no filosófico,
folklórico, primitivo e inferior a la filosofía occidental.

Martí casi en la totalidad de su gran trabajo sobre los pueblos
indoamericanos , trasciende esta anacrónica y discriminatoria forma de
pensamiento filosófico y no solamente logra romper el cepo de la
concepción sociopolítica y económica vigente en el momento en que vivió ,
sino que marca el camino a seguir y pronostica hechos y situaciones
futuras, que la historia se ha encargado de verificar.

Esto lo realiza a través de su estilo característico de adjetivación, desglose y
análisis de la situación que aporta, involucrando y concientizando al
lector- interlocutor, a través de fórmulas globalizadoras de conceptos,
para hacerlo arribar a conclusiones propias mediante el desarrollo de un
método de comunicación que deviene implícito en el texto. De esta
manera su pensamiento así planteado asume
una expresión metatextual e incorpora el instrumento expresivo
posmodernista, a la par que incluye contextualizaciones comparativas
entre culturas y conocimientos universales, afines a la filosofía
intercultural; todo ello en el devenir dialéctico de la más consecuente
ideología humanística.

En el siguiente fragmento extraído de “Antigüedades Mexicanas”, Martí plantea: “Muy rico en ruinas es este
suelo de Yucatán donde los descubridores afortunados hallan piedras
cuyos jeroglíficos extraños parecen decir que...aquellos hombres
conocían ya el modo de usar la electricidad para cruzar mensajes; dos
figuras de iguales arreos y apariencia, háblanse en una piedra de
Chichén, a poca distancia, más no con inscripciones en figuras sino con
rayas, que salen de los labios de ambos.”

La libertad de expresión con la que Martí no solo narra sino admite la posibilidad de
que aquellos “hombres acaso conocían ya el modo de
usar la electricidad para cruzar mensajes” y el respeto con que afirma
tal superioridad de un pueblo indígena muestra que aplica una concepción
no tradicional de esa realidad. Este planteamiento no significa
exactamente, a nuestro juicio, que Martí viera en esas figuras, la
utilización de la electricidad, exactamente, o la presencia de otro
avance tecnológico o científico. Significa algo que va mucho más allá de
ese concepto. La electricidad es utilizada allí por Martí
simbólicamente, porque en aquel momento, ella representaba uno de los
más poderosos avances de la ciencia occidental. Si hubiera escrito ese
texto en este siglo, probablemente habría hecho referencia, desde la
telefonía celular hasta la computación .

Esta nueva apreciación de la otra realidad nos lleva a citar al gran físico inglés Stephen
Hawking cuando se pregunta en su obra “Agujeros Negros y Pequeños
Mundos”:¿Cómo podemos hacer de la realidad la base
de nuestra filosofía, si lo que consideramos real depende de nuestra
teoría?”. Para luego afirrmar que “No sabemos, con independencia de una
teoría, qué es la realidad”. ..ya que “de nada sirve apelar a la
realidad porque carecemos de un concepto de la realidad independiente de
un modelo, que previamente no hayamos construido nosotros mismos”.
Modelo, por demás, elaborado dentro de los cánones de la filosofía
occidental.

Y a la luz de este concepto de realidad, expresado por uno de los más brillantes físicos del Siglo XX, vemos cómo la
aceptación de Martí, al plantear que una cultura indoamericana pudiera
haber sido conocedora y portadora de un alto conocimiento científico,
merece una nueva interpretación hermenéutica, especialmente por marcar
un paso de avance al negar rotundamente , el estigma tradicional de
pueblos salvajes y primitivos, impuesto por los colonizadores como
justificación a su crimen histórico.


Pero yendo más lejos, Martí compara valorativamente las culturas prehispánicas de América, con las que tradicionalmente han
constituido los modelos paradigmáticos de la humanidad. Esto lo hace con
criterio contextualizador, desprejuiciado y reivindicativo;
incorporando una pluralidad nunca antes manifestada de frente y sin
concesiones ni tibieza, en otros textos de su época; o sea, aplicando o
mejor dicho, estrenando un modelo calificador que responde a objetivos
diferentes a los aceptados y utilizados por la cultura de donde proviene
su formación profesional y académica.

Así se aprecia cuando dice que ¨”No con la hermosura de Testcontzingo, Copán y Quiriguá; no
con la profusa riqueza de Uxmal y de Mitla, están labrados los dólmenes
informes de la Galia; ni los ásperos dibujos en que cuentan sus viajes
los Noruegos; ni aquellas líneas vagas, indecisas, tímidas con que
pintaban al hombre de las edades elementales los
mismos iluminados pueblos del mediodía de Italia. ¿Qué es, sino cáliz
abierto al sol por especial privilegio de la naturaleza, la inteligencia
de los americanos? Unos pueblos buscan, como el germánico; otros
construyen, como el sajón: otros entienden, como el francés: colorean
otros, como el italiano; sólo al hombre de América le es dable en tanto
grado vestir como de ropa natural la idea segura y fácil, de brillante y
maravillosa pompa.”

Como antes lo hizo Martí, en la Filosofía del México Antiguo, Edmon S Bordeaux propone “valorizar” el significado
profundo y la belleza de la filosofía del antiguo México, para así
contribuir al “renacimiento de los valores artísticos y éticos de la
filosofía, por medio de una recostrucción combinada
filosófico-arqueológica”. Llama a esta propuesta “Arqueofilosofía” y
fundamenta su importancia y vigencia en el hecho de que en las
“olvidadas civilizaciones tanto del Viejo,
como del Nuevo Mundo existían intuiciones y concepciones del Mundo que
iban más lejos de los conocimientos del hombre moderno.”

La Filosofía Intercultural, la Arqueofilosofía y el sentido intertextual y
participativo posmoderno, tienen en Martí un predecesor, un precursor,
que se muestra en toda su magnitud, al asumir doctrinalmente, el papel
que como ser humano ha decidido desempeñar en la vida, desde una
posición filosófica que emerge de las raíces del pensamiento americano.
Tal parece que realiza una declaración de principios cuando dice que los
conquistadores “en el pecho del último indio valeroso clavan, a la luz
de los templos incendiados, el estandarte rojo del Santo Oficio”; que
“ni de Rosseau ni de Washington viene nuestra América, sino de sí misma”
y que “podemos, es claro, escribir un poema...pero no con lengua
prestada, ni siquiera con la de Homero, sino con algo que sea en el
color y la gracia como el
vestido de gala de los magnates indios transportados por alas
invisibles, y raídos por &aacut e;guilas coléricas...Y ser como
aquellos sabios de Chichén, aquellos potentados de Uxmal, aquellos
comerciantes de Tulan, aquellos artífices de Tenochtitlan, aquellos
sacerdotes de Cholula, aquellos maestros amorosos y niños mansos de
Utatlán, y aquella raza fina que vivía al sol y no cerraba sus casas de
piedra.”

Como una afirmación teórica de lo anterior, el filósofo austríaco Franz Martin Wimmer expresa que “la filosofía occidental, que
es el modelo de teoría humanística que se ha desarrollado y aplicado
hasta nuestros días, ya está agotado y a punto e llevar a esa humanidad,
a través de guerras y de continuas conductas depredadoras y
contaminadoras; hacia el colapso ecológico y la destrucción planetaria.”


Las diferentes alternativas que se proponen actualmente a la humanidad, a través de un trabajo
interdisciplinario, la búsqueda de soluciones a la crisis planetaria;
son abarcadoras en su mayoría, de todo el pensamiento filosófico
universal. Estas alternativas u opciones evidencian que las exclusiones
han sido tantas como las fuerzas que se movieron y se mueven para
producirlas. Esa evidencia conduce a la aceptación de que ha llegado el
momento de “utilizar lenguajes diversos” para expresar las ideas que
necesita manejar el mundo actual.

Apoyándonos también en la importancia que tiene el trabajo inter y multidisciplinario para avanzar
en el camino de la interculturalidad, recurrimos de nuevo al referente
de la ciencia, para aplicar el principio antrópico que dice “que las
cosas son como son porque somos” y según otra versión de este principio,
“hay un enorme número de universos distintos y separados con valores
diferentes de los parámetros físicos y con condiciones iniciales
distintas.” Con carácter transitivo
podemos aplicar este postulado al gran número de universos culturales
distintos, que han existido y existen en nuestro planeta.

Wimmer afirma la necesidad de liberar a la humanidad de que continúe siendo
tributaria de una “única y excluyente tradición cultural”, al manifestar
que “la imagen que produjeron los filósofos e historiadores europeos al
describir la historia de la filosofía, es la imagen de una única razón
humana, con representantes caracterizados por su sexo: hombres; por su
raza, blancos y por su concepción del mundo, fundamentada en el
helenismo y el cristianismo”.

Con proyección de futuro, Martí parece liberado de esta coyunda en el momento de analizar y de juzgar el
crimen de los conquistadores, en América. Así expresa que “pueblos en
bulbo eran aquellos en los que con maña sutil de viejos vividores se
entró el conquistador...lo cual fue una desdicha histórica y un crimen
natural” Y en frase
lapidaria , sentencia : “¡Robaron los conquistadores una página al
Universo!

Al referirse al mito de creación del hombre y de la mujer no sólo realiza un análisis intercultural sino que afirma
valorativamente, la superioridad de la versión indoamericana, al
establecer la comparación, o sea la contextualización, entre culturas
diferentes, y lo dice en estos términos: “Aquellos eran los pueblos que
llamaban a la Vía Láctea “el camino de las almas”: para quienes el
Universo estaba lleno del Gran Espíritu...pueblos eran que no imaginaron
como los hebreos a la mujer hecha de un hueso y al hombre hecho de
lodo;¡sino a ambos nacidos a un tiempo de la semilla de la palma!”. El
concepto igualitario entre el origen del hombre y de la mujer , hace
patente otra diferencia sustancial entre culturas de tan opuesta
trayectoria.

Heidegger en “El Origen de la Obra de Arte” afirma que “el origen de algo es la procedencia de su
esencia”, pero más adelante, en un cuestionamiento típico de la
filosofía occidental, se pregunta: “¿Acaso puede acaecer la verdad y ser
pues acaecer histórico?¿No se dice que la verdad es algo intemporal y
por encima de todos los tiempos?”
Al situar a la verdad en un plano de intemporalidad que la ubica fuera del acontecer histórico, niega
implícitamente la posibilidad de localizar el lugar o el momento
histórico en el que sea factible ubicar el punto de dónde procede la
esencia capaz de dar origen a ese algo, ya se trate de una obra de arte,
o de buscar la verdad sobre la creación del hombre; como si la esencia y
la verdad no tuvieran ninguna conexión en el espacio-tiempo.
Aquí se nos presenta la diferencia sustancial entre esa concepción de la
filosofía occidental y la concepción Maya, acerca del Tiempo, Kin, como
la única y absoluta dimensión con la que el ser humano cuenta, para
desarrollar todo lo que le
corresponde, tanto en el espacio como en todas las esferas de la vida.

Ante ese callejón sin salida en que se sitúa el planteamiento Heideggeriano,
en contraposición a la coherente concepción Maya, nos asalta la
pregunta que le hacen algunos estudiosos a la futuróloga Hazel
Haenderson cuando le piden que les explique a la luz de la futurología,
cuáles son los paradigmas predominantes en este momento y cuáles son los
medios para continuar.

En el intento de dar una solución alternativa, Raúl Fornet-Betancourt en su libro titulado “Hacia una
Filosofía Intercultural Latinoamericana”, sustenta que considera
necesario e imprescindible, “reaprender a pensar desde la experiencia
intercultural de fondo que nos facilita Martí en “Nuestra América” y que
esto significa y es nada menos que “compartir la propia palabra con las
otras palabras y ejercitarse en decir esa palabra que consideramos
nuestra, inicialmente, desde la
experiencia del tránsito por las palabras que convivimos” y que sólo
así podremos tener acceso y participar activamente en la creación y
realización “del proyecto histórico de una humanidad ecuménica que se
complementa y compensa desde distintas experiencias culturales.”

La literatura, las leyendas y los mitos originaron la filosofía
occidental. No asumimos una posición contraria a esa filosofía, cuando
realizamos un acercamiento a un trabajo fundamentado en el ideario
martiano. Para hacerlo nos basamos en la actitud pluridimensional y
abarcadora de culturas, siguiendo algunos de los caminos transitados por
el pensamiento del cual procede nuestra formación, pero incorporando la
cultura oral, la poesía, la literatura, el rito, el mito y el símbolo
de esas culturas, dentro del sentido diferente y enriquecedor que le
aporta la dinámica intertextual.

Por esa vía es posible explorar otro criterio de la historicidad, al
considerar como fuentes productoras de un pensamiento filosófico, a
pueblos, expresiones, experiencias y conocimientos (muchos de ellos que
sólo pueden ser estudiados dentro del ámbito de los conocimientos
científicos); que hasta ahora habían sido sistemáticamente excluidos de
la filosofía y de las ciencias tradicionales.

Frittot Kapra en su obra “El Punto Crucial”, dice que “examinando los orígenes de nuestra
crisis cultural se torna evidente que la mayoría de nuestros
principales filósofos utilizan modelos conceptuales anticuados y
variables irrelevantes.”

Si aceptamos que culturas autóctonas del Continente Americano, tales como la de los Incas; la de los Mayas,
la cosmovisión Náhuatl, la información recogida en los Códices, en el
Popol-Vuh, en el Chilam-Balam y en la literatura, desde la poesía de
Netzahualcóyotl hasta la escritura jeroglífica, no son conceptualmente
primitivas y mucho menos, anticuadas; si
se hace un análisis comparativo de acuerdo con la situación crítica por
la que atraviesa nuestro planeta; si entendemos que tanto las culturas
señaladas como aquellas provenientes de otras raíces universales, poseen
modelos de relevante interés ecológico, jurídico, económico,
sociopolítico y filosófico, tan valiosos y dignos de ser tomados en
consideración como los de la cultura occidental a la hora de proyectarse
hacia un nuevo paradigma ideológico , podremos entonces considerar ,
con Capra, que “hemos llegado a un momento de cambio dramático y
potencialmente peligroso, un punto crucial para el planeta en su
totalidad”. Y que “necesitamos una nueva visión de la realidad que
permita a las fuerzas transformadoras de nuestro mundo fluir unidas,
como un movimiento positivo para el cambio social”.

En “Cantos y Crónicas del México Antiguo”, de León Portilla, la poesía indígena
aflora como una afirmación de este
criterio, al reflexionar

:
..”.Vas destruyendo tu corazón.
Sobre la tierra, ¿acaso se puede ir
En pos de algo?...
¿Acaso de veras hablamos aquí,
Dador de vida?
¿A dónde iré, ay?
Donde está la dualidad...
¡Acaso es la casa de todos allá
donde están los que ya no tienen cuerpo,
en el interior del cielo,
o acaso aquí en la tierra es el sitio
donde están
los que ya no tienen cuerpo!.
Totalmente nos vamos,
totalmente nos vamos.
¡Nadie perdura en la tierra!.”


Lo que creemos evidente, digno de ser enunciado, estudiado y analizado de acuerdo con su importancia (por la diferencia sustancial que muestra,
respecto a la forma en que nos han condicionado a interpretar lo que
vemos en el mundo), es que otras culturas han tenido y tienen un
concepto y una forma de aplicación del espacio-tiempo, totalmente
diferente al nuestro. Este concepto parece ser mucho más afín al que
plantea la ciencia
actual, si lo comparamos con ciertos análisis teóricos relacionados con
la física algunos de los cuales hemos mencionado.

A través de esta comparación podremos apreciar cómo en el fragmento poético indígena
que transcribimos la concepción del tiempo histórico presenta una
visión global del ámbito telúrico y cósmico en el que deviene el
acontecer. Es una visión cosmogónica esférica donde el espacio, el
tiempo y la dualidad, la luz, el sonido, las fuerzas de la naturaleza y
las relaciones del ser humano con el Gran Espíritu Universal y con la
totalidad del universo, implican otra manera de ver e interpretar al
mundo.

Y afín a este clima vibratorio de relación con otros planos de la realidad, Martí se sumerge en el espíritu y en el
pensamiento de los pueblos amerindios, no como simple espectador,
investigador, analista, poeta o literato, sino como tratando de volver a
nacer desde ellos, en un nuevo yo, lleno de
comprensión, dolor, amor y respeto, con el humanismo que siempre
practicó. Es una recapitulación, casi una renuncia tácita si no expresa;
de ese ser humano que era, para renacer, crecer, integrarse y
convertirse en ese otro ser humano que siempre será.
Así, al referirse a la literatura indoamericana lo hace en los siguientes
términos: “La elegancia de las palmeras, la variada y brillante fronda
que viste a los montes americanos, lucen en los restos de obras de
autores indios que se salvaron de manos de obispos Landas y Zumárragas.”


Se destaca la forma en que al hacer un paralelismo con la literatura de otras culturas, desmitifica y niega la posición filosófica
y el pensamiento, provenientes de “una misma y única” tradición
cultural, negadora de la necesaria posibilidad dialogística; como si
afirmara que hemos perdido en el monólogo dominador, “una autenticidad”
comparable, por practicar el ejercicio abusivo del
poder, y por estar en posesión de un dominio hegemónico de la
“escritura capaz de comunicar todo lo que se desee en el mundo
occidental”, así como del discurso filosófico, posesión que ha llevado a
aplicar la más absolutista colonización ideológica, sin ofrecer
oportunidad a los auténticos representantes de otras formas de
pensamiento, que no “califican”, según esos esquemas para entrar en la
historia de la filosofía.

Es más, su secuela es la globalización que pretende arrasar el caudal de culturas milenarias, de aquellos
pueblos que no respondan a los mecanismos de poder, con los que las
fuerzas destructoras del planeta lo conducen hacia la hecatombe total, a
ese “punto crucial” señalado por Capra. Estamos al final de una Era;
así lo reflejan las predicciones Mayas, basadas en los más exactos
cálculos matemáticos; predicciones que convocan a las fuerzas positivas
existentes, para ver si es posible concentrar la
energía universal y así tratar de salvar al Planeta, con el fin de
arribar al Sexto Sol previsto para el 20012; o para alcanzar esa Era de
Acuario, era de paz y de armonía Universal, cuya llegada preconizan
otras fuentes, para el 2050.

Martí dice de la literatura indígena que “No se quiebran los rayos del sol persa en más ricos
matices sobre la montura de plata y piedras preciosas de aquellos
caballeros de sable duro y túnica de seda, que en abundantes y fáciles
colores se rompe, amplia como un manto, la frase india. Lo negará sólo
quien no haya leído un cuento de batalla o un título de propiedad de los
indios guatemaltecos. El Mahabarata es más sentencioso: el Schahnameh
mas grave; las profecías de Chilam-Balam...más reposadas y profundas;
las odas de Netzahualtcoyotl , más sublimes; más apasionados los dramas
peruanos...”

Rubén Darío escribió que “Nunca la lengua nuestra tuvo mejores tintas, caprichos y
bizarrías”, que en Martí. Pero es que él mojó su pluma de Cóndor en la
savia que circula por las raíces americanas y entonó su canto de
Sinsonte desde la escala polifónica de la voz indígena; y así parece
confesarlo cuando dice: “Con tan bárbaro rastrillo nivelaron la tierra
india...los conquistadores...que no es maravilla que tan poco se sepa
ahora de lo que expresaron y escribieron en Yucatán los Imetes, y en el
Perú los Anautas, y en Nicaragua los Nahuatles sabios. Centroamérica
guarda todavía, en ciertos títulos de propiedad de la época
prehispánica, aun no publicados; y en los escasos manuscritos que dejó
el abate Braseur de Bourborg, más materia original para deducir el
carácter intelectual de la obra escrita de aque lla esbelta e
infortunada gente india, que lo que hasta ahora haya presentado en los
Comentarios Reales y libros de Shagunes y Clavijeros”.

Pero este reconocimiento no abarca solamente el ámbito
literario. Se extiende hasta el institucional, el heroico, el
educacional, el arquitectónico, el circense, el artesanal y el
religioso, cuando quiere inocular en sus venas la sangre indígena, al
proclamar: “¡Qué Instituciones tenía Tlaxcala! ¡Qué bravos Mayapán!
Tenochtitlán ¡qué escuelas!; Copán ¡qué circo! México ¡qué talleres,
plazas y acueductos! Zempoala ¡qué templos. Los Andes, ¡qué calzadas!.
¿Qué importa que vengamos de padres de sangre mora y cutis blanco? . Y
continúa con esta manifestación que bordea perfiles esotéricos y hace
que sintamos presencias relativas a un mundo paralelo, cuando afirma que
”¡El espíritu de los hombres flota sobre la tierra en que vivieron, y
se le respira! Se viene de padres de Valencia y madres de Canarias, y se
siente correr por las venas la sangre enardecida de Tamanaco y
Paracamani... Es bueno, alimentarse por el recuerdo y por la admiración,
por el estudio justiciero...de ese
ferviente espíritu de la naturaleza en que se nace, crecido y avivado
por el de los hombres de toda raza que de ella surgen y en ella se
sepultan...”

Por ley de contrastes, de pronto descubrimos que el pensamiento martiano se proyecta en dirección contraria al concepto de
temporalidad lineal, característico de la cultura occidental, que
deviene como si el universo fuera plano, y que divide el todo, la
totalidad, en fragmentos de “pasado, presente y futuro”. Dentro de este
criterio de linealidad, en el orden psicológico, la estructuración de
nuestras ideas tendería a la destrucción, ya que como buitres, nos
nutriríamos del cadáver del pasado para alimentar un presente desde el
cual construir un futuro, que de inmediato se convierte en un cadáver
del pasado. Y esta es la misma concepción de espacio, tiempo, luz y
sonido lineales, que desprecia conductualmente las leyes de la
naturaleza, sin que el ser humano, tributario de esta
formación, se integre al sentido de esfericidad del Universo, de cuyas
leyes depende.

De esta manera, el hombre deviene antagonista de la naturaleza, usufructuario y depredador, sólo constructivo en razón de
sus intereses económicos: enemigo del concierto universal en el que su
voz no es parte del acorde total, sino el graznido discordante, que se
abroga el derecho de juzgar y destruir la armonía cósmica.

Caminamos hacia el futuro con la única posibilidad salvadora, de recurrir a la
aplicación dialéctica de una dinámica intercultural. Dice Stephen
Hawking en su obra “Historia del Tiempo”, que “Cuando se intentaba
unificar la Gravedad en la Mecánica Cuántica” se tuvo que introducir la
idea de “tiempo imaginario”.Éste es indistinguible de las direcciones
espaciales...Si uno puede ir hacia adelante en el tiempo imaginario,
debería también dar la vuelta hacia atrás...Significa que no puede haber
ninguna diferencia
importante entre las direcciones hacia adelante y hacia atrás del
tiempo imaginario”.

Y es como viajar en dirección contraria dentro de este “tiempo imaginario”, analizar lo que argumenta Martí
cuando expone que “La ciencia confirma lo que el vulgo presiente; y así
como antes de romper en luz el sol asoma por el horizonte claridades
veladas...así aparecen, antes que se afirme una gran verdad natural, sea
de lo incorpóreo o de lo físico, ciertos entes extraños, mujeres y
hombres...con una sobrehumana fuerza de fe, con una heroica indiferencia
ante la persecución y el ridículo, con una autoridad extraña que les
permite inculcar creencias y dogmas que no pueden demostrar con el
raciocinio. Son entes misteriosos y como hechos de entrañas. El
charlatán los copia y desacredita. Ellos desaparecen, y luego se viene a
ver el reguero de luz...El cuerdo sabe que lo que él conoce, no es el
límite de lo posible. La ciencia está ya en
los umbrales de un mundo singu lar que empieza a ser científico”

Esta especulación nos parece diametralmente antihegeliana, si recordamos que
Hegel explica que...”para enseñar cómo el mundo debe ser, diciendo algo
sobre ello, para eso, la filosofía siempre llega tarde. En cuanto es el
pensamiento del mundo, aparece solo en el tiempo después que la
realidad ha consumado su proceso de formación y se ha realizado. Lo que
el concepto enseña lo muestra igualmente la historia, a saber, que solo
en la madurez de la realidad aparece lo ideal enfrentado a lo real y que
aquél, aprendiéndolo en su sustancia, se construye el mismo mundo en la
figura de un reino intelectual...”

En contraposición el filósofo austríaco Franz Martín Wimmer postula que el núcleo del
proyecto de Hegel radica en “la convicción de que hubo antaño un único
desarrollo de las preguntas fundamentales, que esto ocurrió en Grecia, y
que por eso Grecia
no es solamente una cultura entre otras, un modo de pensar, sino la
cultura paradigmática de la humanidad.

Este filósofo contrapone a esa afirmación hegeliana, el pensamiento de José Martí cuando afirma
que “La Universidad Europea ha de ceder a la Universidad Americana. La
Historia de América, de los Incas acá, ha de enseñarse al dedillo,
aunque no se enseñe la de los Arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es
preferible a la Grecia que no es nuestra. Injértense nuestras repúblicas
en el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”,

Asegura Wimmer que “Quizás el etnofilósofo constate que existen muchas o al
menos varias Grecias; y que “Según Martí no existe una sola Grecia para
todos los hombres pero que según Hegel , sí existe”; para concluir
preguntándose: ¿Tienen razón Hegel y Husserl? ¿Tienen razón Martí y
Diop?”.

Esta pregunta la responderemos en palabras del propio Martí, en los
comentarios que hace sobre el Congreso Antropológico celebrado en los
Estados Unidos en 1888. Él dice que...”Es más importante hablar de la
ciencia de la vida que del origen del hombre...porque con saber cómo es
la vida humana y a cuántos agentes obedece, se libra el antropólogo del
riesgo de buscar en la historia de la naturaleza, al mero hombre físico,
y desdeña toda prueba que no le parezca seria, por no ser palpable,
cuando cada paso de la ciencia novísima enseña que no sólo lo tangible
es cierto...” Expresa que el antropólogo Turjug ”cree en la obra
involuntaria de la mente , en la atracción, unidad y fuerza de los
espíritus” y destaca el trabajo de un médico californiano que “cree que
reuniéndose en un mismo instante las voluntades de un gran número de
hombres con el de seo de mejorar el universo, quedará el universo más
puro y habitable, por el influjo de voluntades concentradas”.

Como se sabe, en la
actualidad existen movimientos, como el de los “Sidish”, la New Age y
otros, que trabajan internacionalmente en el desarrollo y utilización de
estos “volts”, de esta energía unificada, para influir en cambios
cósmicos, ideológicos, políticos, sociales y económicos así como en
problemas de salud y de conducta individual o colectiva. En el trabajo
que hemos citado de Martí, está clara su anuencia, a esta posibilidad
inherente a la fuerza de la gran energía Universal.

. Dice Laurette Sejournet en su libro “Antiguas Culturas de América” que “es
evidente , cuando se trata de investigar sobre los profundos valores de
las culturas precolombinas, la hostilidad que provoca cualquier
acercamiento al problema, que lleva consigo inevitablemente una
valoración nueva de la ideología de los vencedores”. Y que “influye
incluso en las raras personas respetuosas del trabajo intelectual”,
especialmente cuando “se les habla de la
necesidad de comprender un pasado milenario”.

Se ha planteado reiteradamente que uno de los principales obstáculos para establecer un
flujo equitativo de comunicación intertextual entre distintas culturas,
radica principalmente en la diferencia de patrones éticos, filosóficos,
religiosos, estéticos sociales y económicos que existen entre la cultura
occidental y muchas de las culturas de otros pueblos.

Lo que es difícil aceptar es que existan diferencias sustanciales entre los seres
humanos, aunque aquellos pueblos que han vivido y viven más cerca de la
naturaleza, presenten manifestaciones conductuales, míticas y hasta
biológicas que parecen influir en sus relaciones con las fuerzas
naturales, en las que se evidencia un especial nivel de comunicación
entre el ser humano y las plantas, los animales, los cambios
atmosféricos, las aguas de los ríos, las mareas y los cambios telúricos y
cósmicos.

Si nos situamos ante esa otra posible interconexión entre el hombre y la naturaleza, se hace
necesario investigar las implicaciones (filosóficas, psicológicas,
sociales, ecológicas y existenciales) que conlleva la preservación , por
parte de algunos pueblos, de facultades que fueron patrimonio de la
humanidad; y los aportes que puedan derivarse de ese otro concepto
espacio-temporal, en la proyección hacia el futuro. El chamanismo
practicado por algunos de los pueblos originarios de Abya-Yala, es un
pozo insondable de sabiduría del que aun nos queda mucho camino por
explorar y una gran revelación por comprender y asimilar

De ahí que concepciones tales como la ubicuidad, el vuelo, la levitación, la
alteridad, los mundos paralelos, la telepatía y esa “otredad” que se
relaciona con lo antes expuesto, nos lleven a reconsiderar
apreciaciones, que requieren de un sistema de análisis, de estudio y de
interpretación, diferentes a los que aplica la filosofía
occidental. Es evidente que los pueblos aborígenes más avanzados
tuvieron una posición ontológica muy diferente a la que nos heredó la
filosofía tradicional.

Por su raigal convicción del gran valor de las más avanzadas civilizaciones aborígenes de América, Martí
patentiza su juicio demoledor sobre la Conquista y dice al referirse al
poeta José María Heredia: “Así quiso a la libertad...Así a los indios
infelices, por quienes se le ve siempre traspasado de ternura, y de
horror por los “hombres feroces”que contuvieron y desviaron la
civilización del mundo y alzaron a su paso montones de cadáveres para
que se vieran bien sus cruces”. Más de un siglo ha transcurrido desde
que Martí definió de qué lado inclinaba irreversiblemente su balanza. Ya
no es la presencia colonizadora inicial, la que se cierne sobre
“Nuestra América” y sobre el planeta En el siguiente poema de Martí,
vemos un llamado de alerta. Sigamos
inmersos en ese despertar, escuchando a Martí cuando nos dice en su
poema:

“Tamanaco de plumas coronado
está en mitad del rústico vallado
tras cañas y maderas;
en forma de hombres se levantan fieras
con cabeza y con pecho y pies de hierro.
Las cañas rompen, salta al circo un perro,
del hombre de las plumas, la macana
hace en el aire hueco, herida vana;
el brazo, desprendido
al golpe inútil, cuélgale tendido:
crujen tras de las cercas inseguras
de sabroso placer las armaduras:
en la sangre del indio derribado
el hondo hocico el perro ha sepultado:
y aun resuena en la tierra americana
el golpe vago de la infiel macana;
y en el cuerpo del indio
AÚN MUERDE EL PERRO”.

En conclusión: Martí no solamente fustiga los imperdonables métodos de crueldad y violencia utilizados en
la conquista de América, sino que hace pronósticos llenos de lucidez
profética cuando define
“La inteligencia americana es un penacho indígena. ¿No se ve cómo del
mismo golpe que paralizó al indio, se paralizó la América? Y hasta que
no se haga andar al indio, no comenzará a andar bien la América”.

Con este pronóstico de futuro Martí nos alerta para “hacer andar al indio”,
pero no con las andaderas de hierro impuestas por el colonizador de
antaño o por el colonizador actual; más destructivo que aquél; sino con
la asimilación dinámica y futurista de cuanto aporte haya existido y
exista en las culturas indoamericanas ; y con la contextualización
igualitaria de estos aportes y los de otras culturas universales, que
faciliten una actualización y un desarrollo verdaderos, no una
asimilación y destrucción depredadora: un salto cualitativo y
cuantitativo que permitan hacer del humanismo, una realidad y de los
pronósticos Mayas para la llegada de la nueva Era, de el Sexto Sol
predicho por ellos, matemáticamente, una
posibilidad de vida futura para la humanidad y una vía de salvación
para el Planeta, peligrosamente amenazado en este convulso Siglo XXI.

Tal vez así no solo podamos, en obras futuras, contribuir a devolverle a
este Planeta, tan necesitado de ayuda, ese gran texto reivindicativo que
tenía que continuar escribiéndose en rumbo de la historia, a partir de
la América precolombina, justo desde el momento en que le “Robaron los
conquistadores una página al Universo”. Creemos, con otros autores, que
en este siglo XXI. “el ideario martiano adquiere dimensiones
particulares y originales”, capaces de hacer despertar aquellas fuerzas
que permanecieron dormidas secularmente y que están a punto de estallar,
ojalá sea en un reguero de luz.

Sabemos que es así, porque escuchamos la voz poderosa de Martí, en esta dimensión del
espacio-tiempo donde habita su pensamiento; esa dimensión que es nueva y
de siempre; que es otra y la misma
porque su “otredad” radica en el punto de encuentro con el Gran
Espíritu Universal, que él dijo ser “uno y el mismo” para todos los
pueblos; esa energía cósmica que habita en cada uno de nosotros y en el
alma de Abya-Yala.
Dimensión a la que sólo tenemos acceso, quienes estamos dispuestos a cumplir y a desarrollar sus enseñanzas, que nos
dicen que “Por el poder de resistencia del indio se calcula cual puede
ser su poder de originalidad y por tanto de INICIACIÓN”.

Sea este acercamiento, como una ceremonia iniciática que nos permita
adentrarnos en el mundo de nuestras raíces y arribar al Sexto Sol, a la
próxima Era de Paz, con la indiscutible vigencia del pensamiento
martiano. Los invito, en las propias palabras el Maestro, a ”estudiar en
su torre de Meditación y Misterio la imponente figura de
Netzahualtcóyotl”, a quien seguramente encontraremos en un cósmico
diálogo poético y trascendental, junto a José
Martí.
[1] José Martí. Nuestra América. Centro de Estudios Martianos. La Habana , 2005. p. 24
[2] S. Bolívar, Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815
[3] Obra citada. Comentario al libro Cuentos de hoy y de mañana, de Rafael de Castro Palomino, La
América , Nueva York, octubre de 1883, t. 5, p. 110

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