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Antecedentes del bloqueo económico de EE.UU a Cuba

El propósito de la política de Estados Unidos con respecto al bloqueo contra Cuba es -desde su implantación hace más de medio siglo- imponer a la Isla la voluntad imperial mediante la coerción y la fuerza, a despecho de las normas del derecho internacional y en contra de la voluntad y decisión del pueblo cubano de defender su soberanía y el derecho a la autodeterminación.

Estados Unidos no ha logrado ese objetivo, pero ha causado considerables daños a la economía y al pueblo cubano.

La ambición del vecino del Norte de poseer a Cuba data de 1767, una década antes de que las Trece Colonias Inglesas declararan su independencia. Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de la nación norteña, escribió acerca de la necesidad de colonizar el valle del Mississippi … “para ser usado contra Cuba o México mismo”.

En el siglo XIX, esta apetencia fue elevada como política de Estado por Thomas Jefferson, James Madison y John Quincy Adams. Se consideraba a Cuba como “la fruta madura” que por su cercanía geográfica debía caer finalmente en manos de Estados Unidos.

A finales del pasado siglo, Estados Unidos intervino en la Guerra Hispano-Cubana y, al quedar derrotada España, asumió la gobernación de la Isla, permitiendo su independencia formal en 1902, sólo después de establecer la Enmienda Platt que le otorgaba el derecho de intervención en Cuba. Posteriormente, se firmó el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1903, que, prácticamente, abrió el mercado cubano a los productos norteamericanos, sin competencia.

En 1934, se acordó un nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial que abrió aún más el mercado cubano a los productos norteamericanos, ampliando el margen de preferencia arancelario a favor de Estados Unidos. Las inversiones de capital norteamericano en Cuba se multiplicaron y la nación antillana se convirtió en una colonia económica de la potencia imperial.

En 1959, estas inversiones superaban los mil millones de pesos, y Cuba pasó a ocupar uno de los primeros lugares en la inversión norteamericana en América Latina.

A escasos meses del triunfo de la Revolución Cubana, el Gobierno de Estados Unidos implanta el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, en momentos en que comenzaban a aplicarse medidas nacionalistas y de defensa de los intereses populares.

La naturaleza inhumana del bloqueo se hace más evidente cuando se examinan las condiciones económico-sociales existentes en la sociedad cubana de entonces, heredadas de regímenes anteriores y que las nuevas autoridades se empeñaban en superar, como se desprende de las siguientes informaciones tomadas de fuentes oficiales, informes e investigaciones de especialistas de EE.UU., en los años previos al triunfo revolucionario.

En 1957, la población cubana ascendía a 6.2 millones de personas, de ellas 4.1 millones en edad laboral y solo el 45 por ciento estaba empleado, incluidos los empleos parciales. De las 194 mil mujeres declaradas como ocupadas, el 75 por ciento lo hacía en labores domésticas.

Aún cuando el salario mínimo oficial para los trabajadores era de 80 a 85 pesos mensuales, en áreas urbanas, y 75 pesos, en áreas rurales, la realidad era que el 75 por ciento de los trabajadores urbanos percibían menos de la mitad del salario. La situación en áreas rurales era aún más crítica. El sector agrícola empleaba el 47.4 por ciento de la población.

En Cuba, existía una alta concentración y diferenciación del ingreso. El 50 por ciento de la población con rentas bajas percibía el 10.8 por ciento de los ingresos, mientras que el cinco por ciento con entradas altas, recibía el 26.5 por ciento de estos. Un reducido número de personas y empresas, principalmente de intereses de EE.UU., poseían las industrias en el país, cuyo mayor peso era la azucarera, y era dueño del transporte, los recursos minerales y la mayor parte de la tierra.

El 75 por ciento del área agrícola estaba controlada por unos 25 mil terratenientes. El 10 por ciento concentraba el 45 por ciento de la tierra, mientras que, por otra parte, existían unas 200 mil familias campesinas, sin poder poseer la tierra, de ellas la inmensa mayoría vivía en la extrema pobreza. Había mas de 600 mil obreros agrícolas y unos 100 mil obreros azucareros. El 64 por ciento de los agricultores no eran propietarios de las tierras que trabajaban y se veían obligados a pagar renta.

En 1958, más de dos millones de personas en Cuba eran analfabetas o semianalfabetas, más de 600 mil niños no disponían de escuelas, mientras que el 58 por ciento de los maestros estaban desempleados. Solo el 45.9 por ciento de los niños en edad escolar estaban matriculados; el 50 por ciento de ellos no asistían a clases y solo el seis por ciento llegaba al sexto grado, mientras que el nivel escolar en mayores de 15 años era inferior a tres grados.

El 51.4 por ciento de la población vivía en zonas urbanas. En La Habana, residía el 20.7 por ciento de la población y contaba con 13 barrios marginales en que se concentraba el ocho por ciento de la población capitalina. Entre las zonas urbanas y rurales y, en particular, entre la capital y el resto del país, existían sustanciales diferencias en las posibilidades de empleo, educación, salud y, en general, en el nivel y condiciones de vida de la población.

En la esfera de la salud, la capital de la República de Cuba concentraba el 61 por ciento de las camas de hospital y el 65 por ciento de los médicos. El país contaba con seis mil 500 galenos para una cobertura de mil 67 habitantes por médico. En La Habana era de 361 habitantes y en el resto dos mil 378 habitantes por médico. En el campo existía un solo hospital y solo el 18 por ciento de la población recibía atención médica gratuita.

La esperanza de vida se estimaba en 62.3 años; la mortalidad infantil alcanzaba tasas de 60 por mil nacidos vivos y la materna índices de 118 por 10 mil. La tasa de mortalidad por gastroenteritis era de 41.2 por 100 mil y la de tuberculosis 15.9 por 100 mil. En zonas rurales, el 36 por ciento de la población padecía de parásitos intestinales, el 31 por ciento paludismo, el 14 por ciento había padecido o padecía de tuberculosis y el 13 por ciento de tifoidea. Adicionalmente, las condiciones de alimentación en zonas rurales eran críticas, donde solo el cuatro por ciento de la población consumía carne, menos del uno por ciento pescado, 2.1 por ciento huevos, 11.2 por ciento leche y 3.4 por ciento pan.

En la vivienda, el 22 por ciento en áreas urbanas poseía instalaciones de agua y, en áreas rurales, solo el 8.1 por ciento. Apenas el 10 por ciento de las viviendas rurales disponía de electricidad. Alrededor del 46.6 por ciento de las viviendas del país se encontraba en estado ruinoso, 75.2 por ciento en áreas rurales. Solo el 33 por ciento de las viviendas del país eran de mampostería y el 42.8 por ciento, en áreas urbanas, disponía de instalaciones sanitarias de uso exclusivo.

La producción nacional respondía casi exclusivamente al perfil mono-exportador azucarero, con una estructura productiva carente de integración, por lo que el país dependía, en gran medida de la importación, para el funcionamiento de la economía.

El comercio exterior tenía una alta concentración en el mercado estadounidense, (64.5 por ciento de las exportaciones y 73.5 por ciento de las importaciones como promedio en los años 1954-58) consecuentemente, dependía de este mercado en cuanto a los ingresos en divisas, tecnología, equipos, piezas de repuesto, combustibles, materias primas, bienes industriales y alimentos. Prácticamente todo el equipamiento existente en el país procedía de EE.UU.

Una ruptura abrupta de los vínculos económicos tradicionales de Cuba con EE.UU., como el bloqueo impuesto por ese país, supondría hacer colapsar la débil economía cubana. (Tomado del sitio cubavsbloqueo)

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