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Aliándose con el obstáculo no es solución. Por Lorenzo Gonzalo*

Por Lorenzo Gonzalo*/Fotos Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Luego de las experiencias acumuladas por las sucesivas injerencias estadounidenses en los asuntos internos de terceros países, no es concebible que existan personas dispuestas a servirle de cajas de resonancia a los intereses estadounidenses que aún pretenden imponer condiciones al Estado cubano u otros, entre otras exigiendo libertades cuyas ambigüedades confunden al más ilustrado.

La experiencia nos dice que cuántas veces el vecino del Norte aboga por libertades y pide que la Isla abra sus puertas, sabemos que el primer personaje en traspasar el umbral serán sus instituciones corporativas, quienes en gran medida gobiernan su país y quienes con sus prédicas de gobierno pequeño, preparan el camino que los llevaría al poder absoluto.

No está mal que las corporaciones entren en Cuba porque son muchas las inversiones requeridas. La gravedad de la petición radica, que detrás del discurso clamando por el respeto al libre mercado, se esconde el deseo de que esa libertad se aplique a quienes tienen los medios de administrarla a su antojo y que los demás disfruten el remanente o el espacio que no interrumpa sus intereses.

En el proceso cubano han existido confusiones históricas dadas por las circunstancias, en los comienzos y en sus primeros cuarenta años, en términos de variados puntos de vista sobre la conducción del proceso, pero también han existido enemigos del mismo, representados principalmente por los causantes y defensores de la dictadura de Batista y por Estados Unidos.

Estados Unidos de Norteamérica no tendría culpa alguna de muchos de los desvaríos de ese proceso, si desde los primeros meses de comenzado, no hubiese asumido una actitud agresiva en contra  del mismo.

Si no tuviese ninguna culpa no hubiese sido posible que desde aquellos comienzos, apareciesen grupos de cubanos que, utilizando ese territorio como base de operaciones, transportándose en aviones y embarcaciones para cometer diversas agresiones, entre ellas llevar armas y explosivos, llegaran a diario a sus costas con la expresa intención de causar malestar en la población.

Esas personas operaban desde casas de seguridad de la inteligencia estadounidense y varios miles llegaron a formar parte de su nómina de empleados.

Es cierto que Estados Unidos de Norteamérica ha sido utilizado como chivo expiatorio en Cuba, para justificar aquellas medidas que resultaron fallidas, inadecuadas, injustas y que en ocasiones lidiaron con un surrealismo que sólo la mentalidad criolla y desenfadada del cubano podían atreverse a explicar a título de que se trataba de algo razonable, pero esa realidad no le resta un ápice de responsabilidad al agresor, aunque al agredido tampoco lo exonera de culpas. La diferencia en este caso es que el agresor no ha reconocido sus errores y el agredido intenta enmendarlas.

La presencia estadounidense, sin dudas agresiva, ante cualquier intento que reduzca o elimine su participación en las economías internas de otros países, es aún utilizada como excusa cuando la habilidad gobernante no es suficiente para lidiar con sus asuntos internos, pero las personas bien intencionadas no pueden tener dudas, de que la política de Washington levanta escollos ante toda gestión que no lleve su aprobación total y que las políticas que los países agredido deben derivar de ello, conducen a errores e incluso a aberraciones de gobierno.

No se trata de defender políticas que la historia y el desarrollo conceptual de hace cincuenta años, podían justificar intelectualmente desde posiciones ideológicas, sino de reconocer que la conducta de Washington, es una piedra en el camino, continúa siendo imperiosa, tiene visos imperiales exagerados para estos tiempos y no puede ser un aliado para las soluciones internas que buscan los cubanos en la actualidad. Al menos mientras no renuncie en pleno al uso de esas prácticas.

Las confusiones originales provocadas por las inexperiencias de cómo conducir un proceso socio político de cambio han sido superadas en gran medida y debemos insistir en que nadie sea llevado a engaño: Estados Unidos de Norteamérica y los causantes de la dictadura de Batista, representados en el llamado exilio histórico, que quizás no pasen de un par de miles en Miami, es el mayor impedimento para la aceleración de los cambios que la sociedad cubana y sus actuales gobernantes pretenden hacer.

Haciendo un paréntesis a lo dicho en el párrafo anterior, debemos observar que Cuba no requiere de Estados Unidos de Norteamérica para hacer determinados cambios internos, pero dado el control que el coloso del Norte posee, no hay dudas que cualquier obstáculo creado por este, dificulta realizar integralmente, las modificaciones que las experiencias acumuladas, especialmente a partir del derrumbe soviético, exigen hacer.

Por consiguiente, hacer causa común con Estados Unidos con propósitos de resolver la problemática interna cubana creyendo que así favorecemos que la sociedad marche con mejor sentido de justicia social, prevaleciendo el criterio de que lo individual solamente se resuelve a través del conjunto de la sociedad, es caer en errores del pasado cuyo presente no se justifican.

Pensar que a pesar de las agresiones militares y de otra índole de Estados Unidos de Norteamérica hacia Cuba, es posible hacer transformaciones revolucionarias y crear las bases para cambiar los mecanismos políticos establecidos por ese país en 1776 y definida en sus líneas generales en 1787, no conoce la historia o no quiere entenderla.

No hay cambio integral profundo de las estructuras socio políticas actuales, que pueda hacerse a contrapelo de Estados Unidos de Norteamérica en Cuba y tampoco en el Hemisferio suramericano. 

A Miami lo visitan a menudo gente llegada de Cuba que, novedosamente para el ambiente en que vivimos, pronuncian un discurso que habla de una supuesta lucha que ellos lideran por “hacer de Cuba un país democrático”. Piden dinero y plantean como legítimo recibir financiamientos venga el dinero de donde venga, para poder minar las bases del gobierno actual e incluso “juzgar” a sus representantes.

Estas personas no hacen labores de oposicionistas, sino de enemigos del gobierno cubano, con lo cual no solamente crean dificultades por los peligros que representan posiciones como esas, de donde pueden surgir fanáticos agresivos, sino por las confusiones que generan en algunos y sobre todo por aliarse a Estados Unidos, que sin razones contribuyó a torcer el camino de la revolución cubana, dificultándola y desviando la atención de sus dirigentes de los asuntos esenciales.

Mirando los toros desde la barrera hay quienes dicen que nada de lo ocurrido en Cuba era necesario, insinuando que ellos lo hubiesen hecho mejor.

Con toda seguridad muchas de las cosas que se hicieron fueron innecesarias desde mi punto de vista e incluso del de otros que nunca renunciaron a ser parte del gobierno, pero en sentido general si no se hubiesen adoptado medidas extraordinarias, Washington hubiese impuesto su voluntad y los marines y las fuerzas quintacolumnistas hubiesen arrasado con el proceso en ciernes.

Estados Unidos de Norteamérica no es considerado por Cuba como su enemigo, aunque se vea obligada a denunciar los actos enemigos que Washington realiza en contra de la Isla, sin embargo, en términos legales Cuba es considerada por Estados Unidos su enemiga, de manera declarada, en base a sus leyes y en su conducta permanente. La mayoría de cubanos que vivimos en Estados Unidos no somos enemigos de Cuba, sin embargo, hay un grupo integrado por unos pocos llamado exilio histórico, quienes históricamente (y valga la redundancia) han sido aliados, actores intelectuales y ejecutores, de las políticas más sucias jamán empleadas en contra de un Hemisferio.

Quienes viviendo en Cuba extienden su mano pedigüeña, ya sea por ansias de dinero o poder, a gente de ese sector, se hace cómplice de sus crímenes.

No critico las actitudes aun equivocadas que pudieran tener y que de hecho tienen, las personas que en la Cuba de hoy se visten con el fácil manto de oposicionistas y donde unos pocos, más temerarios, se colocan las charreteras de enemigos del gobierno. Pero no es concebible que luego de los daños que ocasionaron los errores de cerrar filas o incluso solamente coincidir, con las políticas de Estados Unidos en contra de Cuba, haya personas ingenuas o mal intencionadas, que insistan en persistir en el error.

Estas verdades hay que repetirlas para que no queden sepultadas en el olvido.

Así lo veo y así lo digo.

Hay muchos que lo ven de igual modo pero no quieren decirlo o no pueden o no se atreven.

*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

 

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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