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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

Por Álvaro F. Fernández
alvaro@progresoweekly.com

altUna gran noticia llegó la semana pasada.

Eran pasado las 10 p.m. del miercoles 24 de octubre cuando sonó el teléfono de casa. Estaba llamando desde La Habana Manuel Ramy, el editor de Progreso Semanal.

“Tengo buenas noticias”, dijo. “Mereces ser el primero en saberlo”, agregó.

La noticia, por supuesto, era que el gobierno cubano había anunciado como parte de la ampliación de su política migratoria que “los ciudadanos cubanos que se marcharon ilegalmente del país, incluidos los profesionales que decidieron quedarse en el exterior abandonando su misión o visita familiar, pueden viajar a Cuba”. Este grupo incluye a los balseros cubanos que han estado en una suerte de limbo desde que   EE.UU. y Cuba llegaron a un acuerdo migratorio en 1994. Fue el inicio de lo que ahora conocemos como política de pies mojados/pies secos. Y por razones que tenían que ver con ese acuerdo, según tengo entendido, a los balseros cubanos no se les permitía regresar a Cuba.

Durante años, otros a quienes no se permitía el regreso eran muchos atletas y otros profesionales que habían decidido quedarse mientras representaban a Cuba en otros países.

Con el anuncio de la semana pasada, todo eso cambia. Durante años, la política de exclusión por parte del gobierno cubano trajo circunstancias desoladoras de personas que no podían ver a familiares –algunos durante décadas.

De cualquier manera que se mire e independientemente de las limitaciones (de las cuales hay algunas), en ese momento, cuando recibí la llamada de Ramy y después de haber colgado, me quedé sentado de manera callada y solo en mi oscura sala. Mi hija pequeña estaba durmiendo en un cuarto adyacente. De inmediato pensé en ella.

También pensé en Rodolfo, uno de los muchos balseros con los que me he comunicado durante el último año. Al fin podrá ver a su hija, la que tuvo en sus brazos por última vez cuando solo tenía dos años. Ya no es tan pequeña y cuestionaba el amor de su padre durante las conversaciones telefónicas. Ella no podría comprender por qué él no iba a visitarla.

Rodolfo se marchó en 2005. Y en el 2013 al fin podrá ver su hija otra vez.

También pensé en Héctor, el jugador de softball del que escribí hace unos meses. Hace dos décadas vio a su madre por última vez. El año próximo, al fin podrá viajar a Cuba y darle un abrazo.

Rodolfo, Héctor y miles más podrán al fin tener la oportunidad de besar a su madre o cargar a una hija y decirles cara a cara que las aman.

La división de la familia cubana ha sido una fuerza impulsora para mí desde 2004, cuando George W. Bush clavó una cuña entre nuestras familias al limitar nuestras oportunidades de visitarlas y ayudarlas. Más tarde, cuando supe lo que estaba sucediendo con  los balseros cubanos y otros, como atletas y médicos que habían abandonado la Isla, fui tras la injusticia de la misma forma que había combatido las medidas de Bush.

Me alegra poder decir que esta medida del gobierno cubano ha solucionado un problema que había existido demasiado tiempo. Y lo felicito.

Se han aprendido lecciones de esta dura experiencia, al menos en mi caso. Se requiere de paciencia. Y aunque sé que soy de esas personas a las que fácilmente se le funde un fusible, varias veces tuve que morderme la lengua. Me alegro haberlo hecho. También, en esta misión yo no tenía en plan de perder la esperanza. Me sirvió de mucho.

En los días subsiguientes al anuncio recibí un número de llamadas telefónicas y mensajes. La mayor parte de ellas era para agradecer mi apoyo. Debo admitir que lo mío fue solo un pequeño grano de arena en un océano lleno de personas, algunas de las cuales trabajaron mucho más que yo para que esto sucediera. Sin embargo, a todas esas personas que me contactaron les doy las gracias.

Hay otros en Miami, Washington y La Habana a quienes debo hacer llegar mi gratitud. Ellos saben quiénes son. Ni hay necesidad de decir sus nombres.

Finalmente, para los muchos balseros y para otros que por fin tendrán la oportunidad de regresar a su lugar de nacimiento, tengo una sencilla petición: los que ahora son ciudadanos norteamericanos y que espero que se hayan inscrito como electores, por favor, asegúrense de ir a votar la próxima semana, el 6 de noviembre.

Y cuando vayan a votar, asegúrense de hacerlo por el presidente Barack Obama. Si él perdiera, permítanme recordarles, su oponente ha prometido volver a la política de W. Bush por la que solo les era permitido visitar a familiares en la Isla una vez cada tres años.

Después de tanto trabajo y de todo lo que se ha logrado, eso sería una farsa.

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