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Martianos. Seguidores del pensamiento de José Martí Red de los emigrados cubanos

A LOS 160 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL APÓSTOL DE AMÉRICA, JOSÉ JULIAN MARTÍ Y PÉREZ. Por Carlos Maldonado

Conferencia dictada en el Café literario celebrado el día 24 de enero de 2013 en la sede de la Embajada cubana en Guatemala, zona 13, en el marco de la conmemoración de  los 160 años del nacimiento del Apóstol de América José Julián Martí y Pérez.


Honrar, honra.

Obligada premisa cuando del apóstol se hable. Porque él, forjando veredas dignas, desdeñó glorias y comodidades individuales para con los pobres de la tierra su suerte echar. Su patria que pudo ser acogida como la de él por ser la de sus padres, España, no fue refugio de amoldamientos al servicio colonial. Al contrario, apretujado con los miserables y los esclavos, con los hambrientos y perseguidos, con los despreciados y los afligidos nacidos en el viejo y el nuevo mundo, en su andar firme sentenció en Tampa en noviembre de 1891: “yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados”.

No obstante, desde aquellas horas felices o aciagas del mártir, terrible odisea ha de pasar nuestra América rezagada. De Río Grande a la Guajira, Vichada, Vaupés, Arauca y Guainía, implacable se bate la garra imperial sobre bienes y vidas y, presurosas, las lenguas aduladoras, olvidando su origen y lugar se acurrucan bajo las naguas imperiales convirtiéndose en rejoneadores de sus hermanos. Los patriotas adormecidos por el opio demócrata juegan a revolucionarios en palacios de déspotas y traidores, dejando a su merced a los pobres que, a pesar de ese dejo, de esa infamia son los únicos que siguen alzando la bandera de libertad y dignidad, de soberanía y pundonor, y que por ello, muchos vuelven a correr la suerte de los abuelos. Su carroña vuelve a alimentar los caminos y las fosas; su sangre agobia la cotidianidad de la patria postergada. No obstante el maestro nos consuela con su esperanza: “Del semillero de las tumbas levántase impalpable, como los vahos del amanecer, la virtud inmortal, orea la tierra tímida, azota los rostros viles, empapa el aire, entra triunfante en los corazones de los vivos: la muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!”.1

Fe y fortuna para nosotros, la pujanza de la otra América, la que ha venido emergiendo de la noche oscura de la servidumbre, que ha sido invariable, persistente, inquebrantable, trae hálitos frescos.

La América de Guaicaipuru, de Tupac Amaru, de Martí, de Bolívar. América nueva, nuestra América indómita que fue parida en el Caribe a la sombra de las palmas insurrectas de Santiago y alimentada con la sangre y el sacrificio de los héroes de Guatemala, cuya asesinada experiencia sirvió de alimento y camino a los preclaros de la Sierra Maestra, ha florecido. Escaño victorioso que marcó la senda libertaria, que rumió posibilidades que se creían imposibles y que demostró que no existen falsas quimeras sino voluntades y entrega. Demostrando lo que el apóstol nos enseñó: que esa muerte nos lleva el dedo sobre el libro de la vida y que las circunstancias que han abierto las alamedas del sur haciendo felices a sus pueblos, por dotarlos de alternativas, podemos lograrlas también. Que la lucha, la angustia no han terminado, que falta empujar, que es imprescindible no caer, no en las garras de la muerte, sino peor que eso, en las del conformismo y la mediocridad. De la desesperanza y el arribismo se alimentan los tiranos y los esbirros. Porque hay que temer no solo al que mata cuerpos sino al que arrebata el alma y nos deja vacíos. Al que nos distrae con veleidades de nuestra verdadera razón terrena: la de ser humanos.

He ahí pues, la impaciencia del mentor por frenar las ansias imperiales y juntar manos de criollos y de indios y de negros, de mujeres y niños, de viejos y jóvenes. De añejos pinos y pinos nuevos pues con estos son los que en cuadro apretado como la plata en la raíz de los Andes se ha de frenar la marcha del gigante de las siete leguas. Y no nació Martí, menos cayó para engrosar el panteón de los desconocidos y los insulsos sino al contrario, fue el artífice, el propulsor de la gesta revolucionaria que encabezaron Fidel, Raúl, el Che, Tania, Cienfuegos, y que alimentaron miles con su vida, con sus anhelos, con su sangre para convertirla en realidad. La que abrió la puerta a la revolución latinoamericana. Proeza que sirvió de inspiración a muchos más patriotas a nivel mundial que a su vez engrosaron la épica histórica de los pueblos. Que sirvió a Hugo Chávez para encabezar la fastuosa empresa de liberar primero y después fundir, la patria de Bolívar.

¿Terminará triunfando el sueño martiano de unificar a la América nuestra, o será una hermosa utopía? Como amante pleno de ese hermoso porvenir, hoy me uno en abrazo intelectual a mi compatriota quezalteco, Otto René Castillo, que al igual que el apóstol cayó para que no cayera la esperanza, al pronunciar: creo en el hombre y la vida, porque el hombre y la vida jamás me defraudaron.

Que mayor ejemplo de lo que digo que el de la provincia natal del maestro, Cuba, parcela insular de nuestra América, cuyos habitantes han cortado cadenas en las mismas entrañas del monstruo. Que han podido resistir por 54 años después de instaurada su revolución; que si a tiempos históricos nos atenemos, quizá no signifiquen nada. Y, sin embargo, dentro de los periodos heroicos a emular, son preciosos y reveladores pues, sometido ese pueblo osado y hermoso a la presión, al chantaje, a la ignominia, al asedio, a la carencia, a la angustia, a la discriminación, a la falsedad y a la mentira que son partes consustanciales del bloqueo económico por atreverse a buscar su propio camino, han enseñado a los otros pueblos del mundo, en especial a sus coterráneos de América, que lo que una vez se vio como absurdo hoy es totalmente factible. Y, que si una vez se pensó que Cuba volvería al redil del imperio hoy es inadmisible y no porque se desdeñe el poderío yanqui para hacerlo por la fuerza, sino porque se sabe a ciencia cierta que con ello se aceleraría la debacle del gobierno global unilateral. Porque, como lo expresó el maestro, los pueblos cultos no pueden volver a ser esclavos. El ser humano que ha conocido plenitud, no aceptará grilletes. Y, que como el pájaro serpiente, nuestro Quetzal, aborrece la jaula aunque de oro y adosada de piedras preciosas sea, el pueblo mambí prefiere morir de pie que vivir de rodillas.

El apóstol vivió para luchar, murió con la claridad de ese objetivo. Su trascendencia se concreta hoy a través de la solidaridad que ha demostrado el pueblo y gobierno cubano para con los otros pueblos del mundo. Las misiones de salud y educación han demostrado lo que Martí una vez expresó en mi patria: al venir a Guatemala me hice maestro y al hacerlo me hice creador. La respuesta de parte de los oprimidos y los despreciados del mundo ha sido su plena aprobación a esa revolución. Que si antes las mentiras calaban hondo en nuestra gente hoy es cada vez son menos los que creen la propaganda que se lanza desde el imperio y sus serviles locales en contra de la indómita Cuba.

La bandera de la estrella solitaria ondea igual que la figura del Che en las marchas populares alrededor del mundo. No hay insignia cubana que no esté presente en las manifestaciones del pueblo. Y, al igual que ella, Martí está presente en múltiples efigies en el continente y allende sus fronteras. Muchas escuelas ostentan su busto impregnando con su verdad los ambientes de enseñanza; sus versos se recitan y sus composiciones líricas pasean por las letras latinoamericanas para solaz de los oyentes y para escarnio de los tiranos. No hay nada más melodioso que la palabra cálida y certera a tiempo de los que luchan por la vida y la igualdad. Martí es esa voz que jamás clamará en el desierto pues mientras exista opresión, mientras existan oprimidos un mar de multitudes se estrellará en los muros del castillo ensangrentado.

Empero, a pesar de luchar contra enemigo tan monumental en su tiempo, el ejército español, Martí siempre fue un caballero, un hombre sincero, espléndido, honesto y afable. Tanto que desde el fondo de su corazón blandió una aparente contradicción para aquel que piensa maniqueamente que lo blanco es blanco y lo negro es negro: Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero. Para el amigo sincero que me da su mano franca, y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo. Cultivo una rosa blanca.

Versos que impregnando el alma mambí trasladaron su esencia divina a las columnas de los barbudos de la Sierra. Fieros en batalla generosos en la victoria. No era el matar por el matar la filosofía de la guerra revolucionaria, ni alcanzar el poder por el poder mismo. El objetivo, derrotar con el menos costo posible en vidas y en sangre; en heridas y mutilaciones para instaurar un gobierno que hiciera posible la frase linconiana: del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Cultivar una rosa blanca para el amigo sincero pero también para el que me arranca el corazón con el que vivo. ¡Qué diferencia con las huestes terroristas que deambulan disfrazadas de ejércitos modernos y civilizados para imponer su democracia en los diferentes países del mundo a los cuales destrozan, roban, saquean además de asesinar a sus hijos con felonía, descaro e impunidad! ¡Qué diferencia con las tropas psicópatas enloquecidas de droga y odio, de racismo y desesperación que se hartan de carne y sangre humana! No obstante, ignoran esos cobardes que, a pesar de esa falsa idea de grandeza, la historia nunca ha premiado a los petulantes que confiando en su fuerza bruta creen tener al mundo a sus pies. Opuesta a ella, lo humano siempre se decanta por la sencillez, la bondad, la solidaridad y la generosidad que son características comunes y dominantes de nuestra especie y no su excepción.

Que mejor ejemplo de esos sistemas primitivos, basados en la fuerza bruta y la ley del más fuerte, que el capitalista actual. Última fase prehistórica del desarrollo de la humanidad que pare y forma seres violentos y rapaces, individualistas y mezquinos. De tal cuenta que así se explica que tanto dentro como fuera del territorio Imperial, su máximo exponente, sus relaciones sean antropófagas, mercenarias y estén acabando aceleradamente con el planeta.

El Apóstol que junto al Libertador Bolívar, vaticinaron que más temprano que tarde Estados Unidos caería con fuerza brutal sobre nuestras naciones para plagarlas de miseria, dio toda su vida para evitarlo. Sin embargo no fue sino hasta hace 54 años que su patria natal se liberó de esa funesta opción eligiendo la propuesta socialista, abonada con el aporte, la sangre y el dolor de millones de héroes alrededor del mundo quienes ofrendando su vida y libertad le dieron viabilidad, demostrando así que “la gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes y… que ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad”2 , estableciendo con ello la diferencia entre esa primitiva y necesaria fase en la historia de la humanidad y el arranque de la nueva época de la cual, afortunadamente, nosotros somos testigos presenciales y actores directos. Esa mutación que Federico Engels demarcó como el tránsito del reino de la necesidad al reino de la felicidad.

Transición en la cual Cuba, en nuestro continente, lleva ya más de medio siglo y que por lo cual su pueblo ha sido proscrito, vilipendiado y perseguido por el Imperio más colosal que ha existido en la historia humana. Inútiles desesperaciones que los especialistas y los estudiosos han demostrado, son recurrentes en todas las épocas de la humanidad: las clases dominantes jamás han aceptado pacífica y mansamente la pérdida de sus privilegios. Lucharán por ellos a sangre y fuego. Y, eso es lo que hoy estamos presenciando. Sin embargo, no debemos esperar tranquilos ver pasar frente a nuestros pórticos el cortejo fúnebre que lleve el cadáver del imperialismo, hay que derrocarlo como nos apremiaba El Che para evitar el mayor dolor posible.

Si el orden del mundo en los tiempos de Martí se estaba configurando para devenir en la globalización capitalista mundial de hoy, su éxito para desplegarse a nivel planetario trajo consigo sus contradicciones intrínsecas a tal punto que hoy éstas se agravan a pasos acelerados, dando, como única vía de escape a la presión de la proletarización y la pauperización de amplias masas de trabajadores por la creación de plusvalía, la guerra.

Si el Imperio español en tiempos del maestro estaba en declive culminando con su fragmentación. Hoy España no es más que un viejo recuerdo de glorias pasadas siendo uno de los países, junto a los del Mediterráneo europeo, más golpeado por la crisis global. Su población mayoritaria ha sido despojada de un estado de bienestar del cual los europeos hacían gala ante las demás naciones. Empero, esas condiciones han cambiando tan drásticamente hoy que las mismas amenazan la integración europea.

En el mismo corazón del imperio, al cual Martí le conoció las entrañas, se sufren contradicciones que hace unos pocos años ha ni se imaginaban. El monstruo está herido de muerte; en esas circunstancias es más peligroso pues la agresividad le viene por la desesperación que le provoca el escape de aliento por esa profunda herida.

Mientras eso sucede en las metrópolis en las zonas periféricas la convulsión hace presa de sus sociedades a tal medida que el clima prerevolucionario se hace cada vez más evidente. Muchos que pensaron que las firmas de paz traerían crecimiento y desarrollo económico y por ende tranquilidad y seguridad se han convencido plenamente que esos sendos acuerdos fueron solamente cantos de sirena. Que mientras existan oligarquías dependientes del Imperio la paz y el bienestar para las masas será una bella ilusión. Por ello, es menester que los revolucionarios salgan del marasmo a que fueron sometidos durante años, que abracen los sueños martianos de unidad con los iguales porque ni con los galos ni los celtas tenemos que ver en nuestra América sino con indios y con criollos para forjar nuestro propio futuro. Un futuro realmente digno, soberano e independiente.

A 160 años del nacimiento del padre Martí, resuenan sus palabras en lo más alto de nuestros volcanes y montañas, en la plenitud de los mares, en las ciudades y en las más lejanas cabañas. Sus versos nos hablan de salvar el mundo, de salvarnos todos, oprimidos y opresores: ¡Verso, nos hablan de un Dios a donde van los difuntos. Verso, o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos!

Muchas gracias.

1.  Discurso en Conmemoración del 27 de Noviembre de 1871 en Tampa, Florida, Estados Unidos ante la comunidad de  exiliados cubanos. “Los Pinos Nuevos”.

2. Frases martianas.

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